domingo, 30 de diciembre de 2012

La sombrita


Epitafio

Diente de león
Tito Varela

Éste es mi leprosario,

mi desvelado mito;

el canto del silencio granulado,

los halos ingrávidos

de las flores mudas y dispersas.



Yazco muy suspendida,

tan ufana,

con una carcajada como joya,

cual piedra ardiente de mina lejana,

cual tejidos exóticos de oriente,

como una estela de estrellas consumidas

y una ranura abierta de aves blancas.



Éste es mi leprosario,

me acompañan las nubes

y los vientos helados,

el aliento deífico y azur

del elevado ombligo

de preciosas gemas estelares;

me acompañan también

una cigarra llorona,

la rana saltarina y briosa,

el gusano que me come,

las sales terrestres,

terrenas y terrosas.



Éste es mi leprosario

y me consuela

la rosa que huérfana trajiste,

los nenúfares crecientes

que un soplo diletante mece,

un diente de león,

un campanario lejano

que resuena entristecido cada hora;

el infinito cielo,

el cielo, la bóveda,

la bóveda

y el Dios.


                                Nidya Areli Díaz.







domingo, 23 de diciembre de 2012

Columna vertebral


Volar

El vuelo
Martha Patricia Trauwitz Gomez
Volar, sueño con ser pájaro, no, pájaro no, algo más, otra cosa, el único deporte extremo que me gustaría practicar es el salto bonji. Abro los ojos y una parte de mí nota que sólo faltan dos estaciones y comienza a luchar contra la otra que quiere permanecer dentro del sueño, los parpados se cierran solos, el sueño es como una telaraña de la cual quiero escapar, en realidad me imagino como una hormiga atrapada por un chicle rosa tirado en el asfalto al medio día. Un último esfuerzo y por fin consigo el impulso que viaja desde las plantas de mis pies, pone rectas mis piernas, avanza como una descarga eléctrica suave por la columna vertebral y endereza mi cuello. La gente que aguarda a mis espaldas para salir me arroja fuera y me pone en marcha. Luego la inercia hace su trabajo, hasta que ya fuera, la briza de la tarde termina por devolverme a la realidad. Respiro profundo…

          En el camino tropiezo con la vendedora de galletas artesanales, el joven que trata de convencerme de que le compre un disco de su propia autoría, la gente de siempre, y como siempre se me antojan las galletas y quisiera apoyar al joven, pero me detiene la imagen del boleto del metro, la moneda de a cinco y la de a dos que llevo en la bolsa de mi pantalón desgastado, también tengo mucha sed, por suerte han instalado agua potable en la escuela, de lo contrario tendría que esperar hasta volver a casa.

          Avanzo, nuevamente me imagino como una hormiga, pero esta vez cargando una piedra bajo los rayos implacables del sol. Mientras llego a mi destino, hago un breve recuento de mi rutina: el trabajo que odio; la escuela que amo y a la que siempre llego cansado; finalmente las clases de natación, ¿a quién se le ocurre tomar clases de natación a estas alturas de la vida y en tales condiciones?, sin embargo, desde hace un mes que comencé, me he sentido mejor.

          Hoy el agua de la regadera está fría, es por ello que todos se apresuran y se bañan lo más rápido que pueden. Afuera el sol esta esplendido, termino y sin secarme del todo salgo corriendo porque se me ha hecho tarde, mis compañeros ya están corriendo junto a la alberca, hago un paquete con las sandalias y la toalla.

          Libertad, cuerpos semidesnudos, aire fresco. Me gusta sentir el contacto de la tierra y el pasto bajo las plantas de mis pies, el sol enciende nuestros cuerpos, nos hace sentirnos orgullosos de mostrarnos cual somos, sin los engaños de la ropa, sonrisas; calentamiento previo y después el momento anhelado… ¡Al agua! Nadar de espaldas es como volar, reflexiono al percibir la misma sensación del sueño del metro en mi piel, además también se mira el cielo infinito; sumergirse es como un gran abrazo que te da la vida.

          Hoy es el día, la maestra nos da las últimas indicaciones de seguridad y nos encaminamos hacia la posa, esta es una parte no muy ancha de la alberca que tiene tres metros de profundidad, la mayoría estamos nerviosos, sólo Jessi, una joven muy hermosa, primera de la clase en todo, parece muy feliz y despreocupada, en contraste la señora Lourdes refleja el terror en sus ojos, la maestra, para tranquilizarla, le arroja una tabla con la cual puede mantenerse a flote, tengo un mal presentimiento de todo esto. El sol comienza a bajar, contemplo su reflejo dorado en el agua y miró como avanza el grupo delante de mí, parecemos patitos.

          Uno a uno nos turnamos para cruzar nadando a la otra orilla, mientras uno cruza los demás observamos aferrados a los doce centímetros seguros que nos brindan nuestras manos, hemos pasado casi todos, es el turno de la señora Lourdes, toda ella es una angustia, lentamente avanza hacia nosotros, se esfuerza al máximo, la maestra le dice que siga adelante que ya le falta poco, además nos pide que le dejemos espacio en nuestra orilla para que se sostenga al llegar, nos separamos y nado sin pensarlo hacia el lado contrario, volteo en el momento en que su rostro se llena de emoción por lo que acaba de hacer. Jessi, nada hacia donde estoy y se detiene junto a mí, trato de moverme un poco hacia a tras para evitar el contacto, pero el movimiento del agua hace que mi mano falle en la búsqueda de la orilla y me hundo.

          El aire se me está acabando y no logró salir a flote, intento tocar el fondo e impulsarme desde abajo para salir, mientras lo hago, reflexiono sobre lo que ha ocurrido, no estoy nervioso, toco el piso pero me doy cuenta que debí de ayudarme con las manos para que el impulso fuera más fuerte, mientras voy subiendo, pienso en lo que puedo hacer cuando llegue arriba: una opción es pedir ayuda, pero no tengo muchas esperanzas de que alguien lo note, todos están ocupados en no ahogarse, además nunca me había pasado esto, lo cual hace poco probable que me estén mirando, creo además que si grito no tendré tiempo para tomar aire, así que decido sólo tomar aire y tratar de buscar la orilla.

          Salí y me hundí de nuevo, el aire que alcance a tomar no fue suficiente, tome la decisión equivocada. Bajo el agua escucho las voces felices de mis compañeros, también miro sur piernas en vaivén, rememoro el cuerpo esplendido de Jessi bajo el sol. No tengo miedo, sumergirte en el agua es como un gran abrazo que te da la vida…

Jorge Iván Dompablo.



domingo, 16 de diciembre de 2012

Encuentros


Cuenta personal

Rompiendo el agua
Angel Abreu
Ya son diez años, los días transcurren como gotas de agua, unas cuantas son dulces otras tantas saladas, la vida se convirtió en océano cuando concluí mis estudios universitarios, en este tiempo igual he pasado por técnico en mantenimiento de pisos de madera, como también administrador de proyectos en una empresa de telefonía celular y en últimas fechas principalmente siendo docente en la institución de la cual egresé, tuve momentos donde el dinero fue abundante a costa de mi libertad, emprendí y abandoné distintas aventuras, la que más recuerdo fue en Corea del sur, la más enriquecedora ha sido iniciar un negocio.

          Mantengo el mismo peso corporal, envejezco, me gusta cómo me veo ahora, aunque el hecho de que me rompieran la nariz provocó una ligera desviación, dos intervenciones quirúrgicas. ¡Dios, no extraño para nada el pasado! No me gustaría volver atrás en el tiempo, prefiero encontrar cosas en el presente, a veces me atormenta la incertidumbre del futuro, suelo ir al cine como antes, te ofrezco una charla y una taza de café, me alejo de las masas, del ruido estridente, de los cohetes en fiestas patronales. Empecé en un taller de creación literaria, gané algunos premios literarios en poesía y cuento, luego continué con guiones cinematográficos para, finalmente, terminar enamorado de la publicidad y, a todo esto, estudié ingeniería en comunicaciones y electrónica con especialidad en acústica.

          Antes sólo jugaba soccer, pero años después encontré en el taekwondo amigos que se han convertido en hermanos, hallé la disciplina que me puso a competir con los mejores atletas del país; por razones personales decidí dejarlo, comencé a correr más no a escapar, me han enseñado a utilizar los puños, me encanta la sensación de cansancio después de un buen entrenamiento.

          Me han pasado cosas muy tristes, pero no vine aquí a contarlas, sólo han pasado, y he llorado, aun lloro por aquellas en las que creo cargar cierta culpa. Hoy igual que aquel lejano diciembre me encuentro sin novia, entre ese lapso he tenido amores, desamores, desafortunadamente ninguno ha valido la pena, mis gustos se han adaptado de acuerdo a la edad, de mujeres adolescentes a mujeres veinteañeras, no tengo mascotas en casa, he dejado casa dos veces, he vuelto el mismo número de ocasiones.

          Me considero un creativo en expansión, un universo que busca solidificarse, encontrar una forma, a veces me perturba mi imaginación, recurro muy a menudo a ella; tanto, que para escribir este texto divago, ya me dieron ganas de escuchar a alguien que me pregunte, que se interese por saber algo de mí, dejo entonces abierta la posibilidad, mientras tanto trazo algunas rutas en un mapa estelar para continuar mi viaje a través de la vida.

Frank CasPe.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Crisol florido


Al margen


Y muy dentro de la volatilidad de tu voz.


La pasión
Atremov
 me hundo

me altero

me doblego

me retuerzo

me lloro

te recuerdo

te digo

te escribo:



Verde amor de hoja gris,

trino amargo,

mano sobria

de canto

de bífido

de crisálida y podrida piel

de luz y agua

y tinta agria

de café y sal.

Triste hoguera de mí

silla sin ti

de principio

de intervalo

y fin.



Es todo.

La fatalidad nos adquiere.

El día es más púrpura que hoy.



Mi ebriedad

me ahoga

un vaso de cerveza

y papel en blanco

gotean por mis dedos.



Todo es locura,

todo es pasión,

todo es lineal,

Me retraso en el tiempo,

decaigo y lloro.



Anotación:

Pondré al margen

Tu Nombre





Crímenes

Ojos con filisteos amargos,

llaman con enredos vacíos de voz,

ruines ladridos

fúnebres navajas invernales.



Sólo mi ser,

gris y falso,

con vestidos de septiembres.



Cuelga el humo de los caballos

en las plumas verdes,

en los cisnes.



Oculta la verdad lastimera

y la quietud de las sábanas

bajo mi piel roída.



Delatan las manecillas

de la arena quemada

en el reloj.

Son tus crímenes

y tus deseos

la materia febril de los arroyos.



Ven hacia el fuego

antes de que la memoria,

por enojo,

te descubra traidor.

                            Iris G. Godínez García

domingo, 2 de diciembre de 2012

La sombrita


Pelicuije pelón

Pax
Donatello Getsemaní
Un pelicuije pelón llegó el verano pasado a manos de la familia Ordoñez Mesa. Lazarita, que es la menor de las hijas fue quien en primer lugar se encariñó con él; así que, desde su venida, todas las sucesivas mañanas lo ha sacado a caminata por el cocotal del puerto.

          Laváronle muy bien la carita sonrosada por la calvicie prematura, la naruquita de caramelo que al perrito Vampi le gustó morder desde el principio, sus orejitas paradas de gato desvalido, sus pequeñas extremidades de chocolate, y su muy prominente pancita de hembra cargada.

          Se dice que los pelicuijes suelen ser criaturas muy pacíficas, pero lo cierto es que cuando el pequeño Lalo quiso jalar en broma su colita multicolor, moteada y peludita, este pelicuije, que era apenas un cachorrito tierno, lanzó al niño tan tremendo zarpazo que tuvieron que meterle doce puntas a un tamaño desfiguro que quedó de recuerdo en su brazo en forma de cicatriz. Opinan varios sabios y bastos veterinarios además de un chaman de Catemaco que el afrentoso desplante del animal pudiera deberse, más que a cualquier otra cosa como la dieta o el trato de la familia Ordoñez Mesa, a la calvicie misma que debe ser un caso un mal congénito, toda dilucidación a cuenta de que: ¿cuándo se había visto en este mundo un pelicuije pelón?

          Fuera que aquél alarmante suceso, la criatura se ha portado del todo bien: come a sus horas, hace de las aguas al pie de la ceiba que adorna el centro del jardín, duerme de noche y anda de día cuida la casa cuando la familia está fuera y, además, lleva recados a los vecinos de la señora Flor cuando ella se lo pide. ¡Qué buen pelicuije!, le dicen todos…

Nidya Areli Díaz.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Columna vertebral


La soledad mata

La soledad
Camille Carot
Hace algunos años escuché por primera vez esta frase y, aunque en aquel entonces estuve de acuerdo, han tenido que pasar varios años para que comprendiera el alcance de estas palabras.

          Quizá después de un día abrumador en donde, entre otras situaciones, se han tenido que pasar largas horas compartiendo con otros cientos de personas el mismo aire viciado en un vagón del metro, uno sienta el deseo inaplazable de alejarse de las personas, sobre todo si se es un poco claustrofóbico. Incluso habrá ocasiones en las cuales necesitemos estar solos; tomar un espacio para nosotros mismos para reflexionar y resolver asuntos que nos aquejan o por lo menos vislumbrar un camino, por vago que sea, a seguir; sin embargo, la soledad cuando se prolonga por mucho tiempo hace daño, el aislamiento enferma al individuo que lo padece.

          A veces, con sorpresa, uno cae en cuanta de que un día —no se sabe exactamente en qué momento— comenzó a sentir los estragos: ansiedad, desánimo, tristeza, falta de apetito, etcétera, y todo ello acompañado por un sentimiento inconmensurable de orfandad parecido al que refiere el poeta Cesar Vallejo en su poema “Ágape” cuando escribe “[…] He salido a la puerta, / y me da ganas de gritar a todos: / si echan de menos algo, aquí se queda! […]” y es que la falta de contacto con los otros literalmente puede llevarnos a la tumba.

          Respecto al sentimiento de abandono apunta Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos “[…] Sentirse abandonado es, esencialmente, sentirse abandonado del «dios en nosotros», del componente eterno del espíritu, proyectándose en una situación existencial ese sentimiento de extravío que también posee relación con el tema del laberinto” (Cirlot, 63)

          En efecto, la soledad es un laberinto en donde la única escapatoria es mirar a otros ojos y reconocerse así mismo. Viene ahora a mi memoria el pasaje de Don Quijote de la Mancha en donde éste tiene el encuentro con el afligido Cardenio y la primera reacción de nuestro querido caballero andante es abrazar al pobre hombre que, a fuerza de permanecer en el aislamiento, ha perdido el juicio: “Don Quijote le devolvió las saludes con no menos comedimiento, y, apeándose de Rocinante, con gentil continente y donaire, le fue a abrazar y le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos, como si de luengos tiempos le hubiera conocido” (I, XXIII). Y es que la primera vez que leí este encuentro sentí que don Quijote no sólo estaba abrazando al otro, sino que al mismo tiempo se abrazaba a sí mismo.

          Digo, pues, que la soledad mata y contra la falta de un interlocutor con quien compartir el mundo, no sirven sucedáneos como hablar por teléfono, enviar mensajes por correo electrónico, conversaciones virtuales y demás formas de “contacto” por medios tecnológicos. Una conversación vía telefónica por más tiempo que dure, jamás aportará la misma sensación de bienestar que transmite un abrazo, un saludo o el simple hecho de compartir el mismo espacio con otra persona.

Jorge Iván Dompablo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Encuentros


DAGUERROTIPO



Eh aquí, a la montaña...
Angel DeSenio
Tiempo

Movimiento Circular

Luz

Párvulo Rostro

Cosmos

Alta Frecuencia.



Casa, bloques de adobe.

Montaña, alma esteparia.

Humano, esperanza frágil.



Imágenes

Blanco y Negro

Aleación

Mercurio y Plata

Reflejos

Pantomima Aurora.



Inmensidad, ecos estelares.

Hondonada, ascenso previsible.

Fotografía, mi tristeza constante.



                                     Frank CasPe.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Crisol florido


La extinción

Extinción
Daniela Esquivia
Ella se encontraba entre 23 seres dispares en una enorme burbuja de cristal transparente que flotaba en el espacio sideral junto a otros 24 seres como ellos en sus esferas vítreas. Cada uno portaba en sus manos un artefacto cristalino tubular pequeño que contenía algunos líquidos de diferentes colores. Eran siete tubos y siete colores. Las miles de burbujas caían como gotas breves de rocío en madrugada. Se posaban sobre una alfombra esmeralda junto a un camino que terminaba en un edificio gigante de cristal de cuarzo en forma de estrella. De pronto, de la burbuja donde ella venía, se abrió un orificio que hacía de puerta de salida. Se asomó el primer viajante de la esfera cristalina, y luego otro y otro. Ella salió y vio la fila ondulante como serpiente de cascabel que se introducía a la estrella colosal y la siguió. Ni una palabra, ni un susurro, ni un quejido, ni un bostezo, todos callados brotaban de sus esferas de vidrio y se dirigían a la estrella.
         
          Ya en ella, Ella recorrió su mirada hacia todos los seres entornando los ojos esmeraldinos, algunos con atuendos ricos en plásticos de colores vivos, otros en vestimenta gris, negra y café de material reciclado. Ella vestía un ropaje de piel de pantera negra, que envolvía su fisonomía marfileña, y su larga cabellera rubí en cascada de sangre cubría sus pies de geisha. Todos voltearon a verla, era bastante atrayente la imagen, imposible no acercarse. 

          Un ser se le acercó, difícil saber su sexo, y le aconsejó al advertir que ella pretendía tomar el número uno de los líquidos de su artefacto: “Debes absorberlo poco a poco”. Sonrió agradecida en su rostro iluminado.

          De pronto, se oyó un tremendo sonido de trompeta, y todos se sobresaltaron, una plataforma vidriada emergía del piso de cristal hacia lo alto y soportaba el peso de siete seres envueltos en capas ebúrneas. En sus rostros respiraba una amplia sonrisa y uno de ellos, el más alto, sentenció con potente voz: “Somos los últimos seres de civilizaciones y siglos pasados, somos los sobrevivientes, pero valientes ante la extinción, poseen un tubuliforme alimentario por la eternidad, cada vez que sorban un poco, esa pequeña porción se llenará en los tubos automáticamente, de acuerdo a sus acciones, si son negativas hacia la comunidad se reducirá el contenido, si son positivas se aumentará. Su vestimenta es la que traen puesta y les servirá por siempre, y su casa es ésta. No sabrán si es de noche o de día. Todo se les proveerá instantáneamente. Cantarán, jugarán, danzarán y sus mentes volverán a ser prístinas en la eternidad. ¡Bienvenidos sean!".

Zuzana Chandomí.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La sombrita


Círculos de lectura

Bibloioteca
Manuel Domínguez
Juguemos a los círculos de lectura, es muy fácil: primero volteas a ver al amigo más querido y más cercano, no importa que no le guste leer, no importa que no tenga libros, no importa que lo hayas conocido en una fiesta perreando con reguetón. Le propones a tu amigo que lean un libro juntos y, para que le sea atractivo, piensas un poco en qué podría llamarle la atención. Quizá sea un dark más vampírico que el mismísimo Drácula en su momento más sanguinario; en ese caso puedes sugerirle al maestro del terror: H. P. Lovecraft y, para que se la crea, hasta podrías ingeniártelas para que piense que el de la idea fue él y que tú solo lo secundas.

          No importa, pues, qué bandera enarbole tu amigo, si su lema es “Naco es chido”, pues algo de Armando Vega Gil; si la violencia y lo transgresor es lo suyo, por qué no Fernando Vallejo; si es una chica a la que le llama más lo rosa, estará bien Louisa May Alcott o la misma Jane Austen; ahora que si los laberintos lo intrigan, Borges le irá muy bien. No importa a qué se dedique o cuáles sean sus intereses, lo importante es encontrar algo que lo haga feliz. Por otro lado, si son amigos, seguramente tendrán algo en común, de allí ha de salir la lectura que los una y los amigue más. Si no sabes qué leer siempre puedes buscar algún blog de literatura en la red para que te den sugerencia, o puedes pedirle consejo a un maestro; o puedes, incluso, acercarte a alguien que lea y que se mueva en el medio que te interesa.

          Una vez que hayan conseguido el libro ideal, el paso siguiente es poner un día de análisis o de lectura. Pueden conseguir el libro por internet, fotocopiarlo, robarlo, o también comprarlo. Debe haber un día a la semana en el que puedan verse ya sea para leer juntos o para platicar de la lectura que hayan acordado antes. El punto es que cada uno pueda expresarse a sus anchas para decir que el capítulo está poca-madre o que el guey que lo escribió es un pendejazo. Aquí lo importante es compartir impresiones. Es vital que acaben de leer todo el libro porque de ello dependerá que vayan haciéndose un criterio literario. Aunque lo ideal es que les guste lo que eligieron, ya sea porque ya tienen nociones al respecto o porque alguien se los recomendó ampliamente; dicen que echando a perder se aprende, así que no teman equivocarse al elegir un libro para odiarlo después. La ventaja de ello radicará en que a partir de la experiencia podrán emitir un juicio y poseerán un bagaje que antes no tenían.

          La constancia es súper importante. Si han quedado en discutir un capítulo una vez a la semana, que sea el día y a la hora que eligieron sin omitir ni una sílaba en la discusión. Si es una vez al mes no importa, lo imprescindible es que no dejen de hacerlo así llueva, truene o esté a punto de acabarse el mundo. Una vez que hayan iniciado las sesiones y que te hayas tomado muy en serio tu papel de moderador, pueden seguir invitando valedores que compartan sus gustos. Así como “naco es chido”, leer es chingón, cool, súper, la neta, etcétera; así que no temas decirle al mundo lo que haces. Se lee para defender una postura, para conocer modos de pensar distintos, para liberar al espíritu. Debes sentirte muy orgulloso de ser un lector activo.

          Cuando terminen los santos preceptos de lo fantástico de Harry Potter, quizá les interese seguir con algo más intenso como Julio Verne, o más psicológico como Cortazar. Hay que leer un poquito cada día y, si tal actividad te elevó, no dudes en escribir en un cuaderno o en el mismo libro tus pensamientos. Verás cómo comienzas a comprenderte mejor a ti mismo, a conocerte más, a desentramarte como el acertijo que eres para tu propia mente.

          Cada vez que terminen un capítulo se sentirán muy orgullosos y satisfechos, y cuando lleguen al final del libro, sabrán que son capaces de aprender y saber muchas cosas que el resto del mundo ignora. Nunca un círculo será demasiado grande, serán bienvenidos todos los que quieran unirse y pasen la prueba de las tres primeras sesiones, lo demás será historia. Una hermandad, una secta, una cofradía, un microcosmos puede gestarse allí. Así que no esperes más, libérate y libera a alguien más, sé paciente, perseverante e inicia tu propio círculo de lectura.

Nidya Areli Díaz.

domingo, 28 de octubre de 2012

Columna vertebral


MALAS NOTICIAS

 

Malas noticias
Gufas
Malas noticias…

Estos tiempos de tormenta

se han llevado nuestro refugio.

En el jardín con ruinas y basura,

la desolación esculpe

nuevos monumentos.

Malas noticias…

La administración ha cambiado

Y el café donde solíamos

pasar las horas conversando;

es ahora, una cárcel invertida

en la que ya no podremos ingresar.

Malas noticias…

Las calles han sido tomadas,

no por la gente y sus conciencias,

sino por ejércitos azules;

macana en mano, rostros pétreos,

unos pesos y el fastidio

equilibran cada uno de sus pasos,

mientras, pateados por el acero

los rayos fragmentados del crepúsculo

huyen de sus botas.

Malas noticias…

La moral atenta contra un beso.

Malas noticias…

La mano cansada de la justicia

Ha descendido y su espada

cortó de tajo la cabeza

de quien buscaba su cobijo.

Malas noticias…

Tomo la pluma, y solo vienen

a mi mente…



                         Jorge Iván Dompablo Reyes.

domingo, 21 de octubre de 2012

Crisol florido


EL PARTIDO

Jugadores de pelota I
Carlos Orduña Barrera
Después de intensos minutos y de sublimes jugadas que se quedarían en la historia y en la memoria de los ahí presentes, el encuentro se hallaba en su punto más fúlgido, pues si bien las dos manos, que le habían costado sendos puntos al equipo local, fueron pifias garrafales, y la salvada portentosa con la cadera del defensa del equipo contrario había alcanzado un estatus casi épico, ello no tenía parangón con lo que estaba a punto de escribirse.

          Luego de una milagrosa remontada del equipo local, el último punto decidiría todo: El balón cayó a tierra; los hombres disputaban aguerridos la pelota, determinados a alcanzar la gloria. La pelota iba de un lado a otro en un vaivén de botes y rebotes que nadie podía detener…Uno de los locales se barrió y le alcanzó a pegar con la rodilla. El rebote hizo que la esférica, elevándose, tomara el rumbo hacia la meta contraria; el último hombre, guiado por el instinto de quien quiere ganar, quiso pararla con las manos, pero recordó que las reglas se lo impedían, el momento de indecisión salió caro: la pelota rebasó la línea final…

          Los vencedores con las manos en alto, encumbrando al cielo, subían los escalones entre las plegarias y los gritos jubilosos de su pueblo que aclamaba el esfuerzo y el sacrificio de sus jugadores. El capitán exhausto pero satisfecho echó un vistazo a la cima de la construcción, en donde, con un cuchillo de obsidiana en la mano, el gran sacerdote maya los aguardaba.

Raúl Reyes Aguilar.

domingo, 14 de octubre de 2012

Encuentros


Estación de tren

Estación de tren
Clara Uribe
Aquella noche en la que nos despedimos sucedió lejos de una estación de tren, pero quisiera ubicar esa escena en ese lugar porque parece ser que fue la última vez que nos despedimos con el corazón, estarías las últimas semanas del mes de diciembre en casa de unos parientes en Guanajuato, así que supongo llevabas una maleta con ropa suficiente para sobrevivir el gélido clima, traías puesto un abrigo negro que cubría la mayor parte de tu cuerpo, unos botines grises y un gorro navideño, uno que te había regalado (me parece gracioso describirte con algo en la cabeza), tus labios estaba algo resecos, apenas nos abrazamos el tiempo se esfumó, agregamos a la canasta de buenos deseos, varios besos, palabras de amor, mentiras piadosas y un hasta pronto.

          El tren traía varios minutos de atraso, ¿por qué fantaseabas con viajar en tren? Tal vez fue la fascinación por la historia de “El viaje de Chihiro” de Miyasaki la que me hizo traer hasta aquí este pasaje de nuestra vida, no niego que me atrajera esta atmósfera; sin embargo, recuerdo que cada que terminaba de ver esa película me invadía cierta melancolía, quizá muy similar a la que sentí cuando te subiste al tren. Estaba cerca de oscurecer, no había muchos personas en la estación, te di un último beso, ayudé con tu equipaje, la máquina anunció su salida, se puso en marcha, mi mirada se clavó en el horizonte mientras la distancia entre el tren y yo comenzó a crecer abismalmente. No volverás, ese fue un pensamiento infundado que prevaleció en mi mente detrás de tu partida.

          Han pasado tres días desde que te fuiste y para ser honesto extraño tanto el calor de tu cuerpo, como las notas desafinadas de tu voz, acordamos una fecha para comunicarnos y ya estoy impaciente por la llegada de ese momento, en tanto pretendo aprovechar las tardes después del trabajo para ver a algunos amigos que por otras ocupaciones he dejado de frecuentar, esta tarde en particular iré con una amiga que me ha invitado a tomar un café en un centro comercial. Hablo con ella acerca de mis planes para el próximo año, sobre mi novia, me cuestiona un tanto de cómo se ha dado la relación, defendí hasta donde pude las circunstancias de la misma. Cabe señalar que entre los dos hay casi doce años de diferencia, y que entre los dos las cosas estaban bien, paramos la discusión, emprendimos la caminata entre los pasillos de los aparadores hasta dar con un movimiento torpe que nos llevó a quedar de frente y, sin pensarlo, comenzamos a besarnos, después no entendí del todo porqué lo había hecho, confundido decidí que lo mejor sería irme de ahí.

          Confieso que esa no había sido la primera vez que te había engañado, pero si fue la última, cuestionarme acerca de cómo llegué a esa situación fue algo complicado, se suponía que había un sentimiento de apego hacia ti, cómo puede romperse algo tan sólido con tanta fragilidad. En búsqueda de una respuesta interna, deambulé varias veces por la estación a la espera de encontrarte de manera fortuita, me hubiera gustado que aparecieras sin aviso, abrazarte, pedir perdón, pero para cuando volviste dejé atrás mi valentía y me arropé en la ilusión de que aún me querías. El resto de meses que estuvimos juntos a tu regreso tuve la sensación de haber estado más distanciado de ti, poco nos duró el gusto. Ahora estoy aquí sin equipaje ni rumbo fijo a la espera de un tren, sentado en una banca, tomo café, ya perdí un amanecer, y ante esa pérdida lo que más deseo es al menos verte para escuchar de ti un adiós.

Frank CasPe.

domingo, 7 de octubre de 2012

La sombrita


SOLILOQUIO SUICIDA





La suicida
Juan Carlos Boveri
Los dédalos bruñidos, la noche descampada,

entre un batir de vientos virulentos, bizarros;

calmada estoy calmada, y también desquiciada,


 suicida que esperaba resurrección en Cristo.



No han venido los cálices hirsutos de noviembre,

no llegó la sustancia votiva del exilio.

En cambio tuve sí, en camino de mí, la encrucijada

de dejarme silente en osamenta o levantar de nuevo

los huesos rumorosos de tertulia interior.



¿Es que estoy encriptada desde muerta?

Yo fui la niña muerta, por Dios,

fui la fantasma derruida de las horas familiares.

Yo le dije a mi padre que olvidara las horas,

y recordara siempre mi cara desmayada.



No divisé el olvido ni cerca ni de lejos

ni hubo recortes dignos de mi sed en los diarios,

y desahuciada de vida me vi correr al sol,

tan tuerta y tan herrada, tan lejana de Dios.



¿Por qué no morí tan sólo de una vez?

Se negaron quizás, a mis ojos, los efluvios violentos del Apocalipsis.

En cambio tratos tuve con Belcebú en desiertos,

en valles remojados con gotas de maná.



Mandó Yavé a mis manos las espinas de Cristo,

le respondí con rezos un insulto carnal.

¡Me dejas destetada en esta tierra sepia!,

mientras se modifica mi espina vertical.



¡Me dejas desterrada, Creador irrebatible!,

soy sólo la cadena deshilada de Adán.

Y Adán me dio su mano, mamé leche de Eva,

cerré por fin los ojos para no despertar.



                                           Nidya Areli Díaz.