domingo, 29 de julio de 2012

Encuentros



En blanco

Muchedumbre
Miguel Angel Gatti
Puedo percibir como el viento mueve los objetos, levanta la tierra, la gente corre despavorida y entra a sus casas a refugiarse, el lugar en pocos instantes queda desértico, pronto el aire viene acompañado de una ligera brizna, la cara se me llena de agua y polvo, lodo, espero a que todo vuelva a la calma, las aves agitan sus alas en el horizonte, blanco y negro, mutismo, ha pasado poco desde que llegué aquí, no lo soporto más, cada vez hay menos colores en el horizonte, la música ausente, los ruidos disminuyen, me confunde el orden de la realidad, ¿respiro?
          Las personas desaparecen, las casas se incendian, se consumen, el humo sofoca a la ciudad, queda reducida a cenizas, nadie corre o escapa, resignación colectiva, cargo en las manos un revólver, descargo las municiones, los proyectiles encuentran cuerpos, caen, adquiero poder, es aberrante sentir compasión una vez iniciado el juego, blanco y rojo, angostas son las venas por las que fluyen las palabras, sin fuerza pierden la voz, protestas inválidas, disparos, fuegos artificiales, distracciones, un micrófono encendido, al frente invenciones espontáneas de líderes, desaparecen uno, dos, muchos, mientras tanto los charlatanes se aprovechan de la esperanza para vender espejos, observo desde mi trinchera, hace tiempo que considero me son ajenos los problemas que aquejan a los personajes anónimos del presente, no soy partidario de la anarquía, pero tampoco pienso permitir que cientos de huellas humanas obstruyan las rutas hacia el objetivo que persigo. Insomnio.
          Avanzo, arrastro los pies, las paredes son blancas, callejón sin salida, muchedumbre enajenada, bolitas de papel, mis ideas ayer aplaudidas, hoy obsoletas, reaccionario, izquierda - derecha, ideologías retorcidas, inconsistencia, amenazas y consignas, decido perder la identidad si es que alguna vez la tuve, los medios de transmisión de mensajes virales, uno a uno pretenden convencer las preferencias, alto, el hartazgo me orilla a salir a las calles, ni ganas de encontrar, llevo la consigna de la ignorancia, un elemento en contra me señala y condena, intento escapar, de un plumón de tinta oscura lanzo gotas en forma de balas, las esquiva, añade a sus sentimientos la venganza, alrededor se congregan otros seres sedientos, y como quien huele el miedo se unen, se hacen fuertes, nada los controla, trazo líneas, las convierto en escaleras, subo, los edificios se caen, alcanzo a dibujar unas alas con las cuales logro alejarme del peligro, aunque algunos objetos punzocortantes logran herirme, me fundo en el sol.
          Preso en una torre, sueño todas las noches en convertirme en el peón que derrote a la reina, el fin de una era, fábulas, pensamientos filosóficos, conocimiento empírico, deletreo las palabras de una poesía, una ecuación matemática, la salida a este túnel donde la información abunda, lagartos hambrientos, pedazos de la mente las presas, sobrevivo, nado con la muchedumbre a ninguna dirección en particular, individuo soberbio, desconozco a la razón, consumo chatarra, la reciclo, convengo en apoyar causas si la corrupción lo impide, cada uno tiene su precio, cuántas aristas tiene un diamante. Brillo, el presente en blanco.
Frank CasPe.


domingo, 22 de julio de 2012

Crisol florido


El paraíso negado

Después de la creación de los cielos y la tierra, y de haberse extendido los valles y las montañas, y de que los árboles y las plantas se irguieran hacia el cielo; tiempo después de que los peces nadaran en las aguas de los ríos y los mares, y de que las aves surcaran el aire y las serpientes las arenas; el primer hombre aceptó irrefutablemente su condición solitaria y privilegiada de reinar sobre todo su orbe. Entró en contacto con la naturaleza y dispuso de cuanto encontró a su paso: peces, conchas rellenas y crustáceos fueron su alimento acuático; de reses, roedores, reptiles, canes y de insectos se alimentó en la tierra; las pieles y plumas de panteras y pájaros fueron reclamados como trofeo de su más grande logro. El cielo, las nubes y todo lo que aquél descubría moverse debajo de éstos fueron su compañía. Para este hombre, el Paraíso estaba entera y específicamente dispuesto para su provecho individual. Hasta que la aventura, la caza y la diversión no le fueron suficientes y suplicó por una compañía que, al igual que él, pudiera corresponderle las mismas sensaciones que vivía día con día.
Adán y Eva
Jesús Buenrotro Galicia
          Y fue un día en que su voz se alzó al cielo y su anhelo de búsqueda fue descubierto en una planicie junto a un río antes desconocida: un ser asemejado a Él —al menos a una distanciada primera vista—. El encuentro, o mejor dicho, el acercamiento, no fue inmediato; la experiencia del hombre en la caza se lo precisaba. Al ser dos seres hechos a semejanza, —según los deseos de este hombre—, tuvieron —al menos así lo pensó él—, la precaución de limitarse a observar al contrario desde una distancia segura. Pasado un rato el cazador se encontró descubierto y vio como se alejaba apresuradamente el otro. Él, no tuvo de otra más que disponer de su nuevo hallazgo. Su acercamiento, a falta de costumbres de tipo social, fue tan brusco que el otro, o dicho mejor a la manera de ella: la otra, despavorida, emprendió una carrera al verse sorprendida por quien ella creyó fuera un tigre pues, a lo lejos, no pudo distinguir al hombre debajo de la piel rayada que había visto, previamente, furtivo en el monte.
          Días después Eva, como se presentaría ella misma más tarde, regresó a la misma planicie cercana al monte boscoso del cual bajaba un riachuelo, donde fuera sorprendida por aquel animal carnívoro que aún la aguardaba allí. Él, bautizado como Adán por Eva rato más tarde, la observaba con mejor acecho. Absorto en los movimientos de Eva, Adán no supo explicarse el porqué de arrancar los objetos rojos de los árboles en la pradera. Y así, observando el grácil cuerpo femenino de aquel ser extraño y pensando la razón de aquella actividad tan ajena a sus costumbres, caviló durante largo rato sobre estos hechos tan insignificantes para Eva.
          De la misma manera en que desconocemos infinidad de realidades, independientes a nuestra conciencia para su propia existencia, no sabemos la edad de Adán pues no hemos podido determinar una fecha exacta a su creación, o a su nacimiento, para quienes deseen mayor precisión en las acepciones. Lo que sí sabemos y podremos deducir de manera autodidacta, si es que prestamos un poco de atención a nuestro propio ser antes de atender a nuestra persona y de adornarla con caprichos egocéntricos, es que gran parte de la existencia del hombre transcurrirá en un balance entre la inherente soledad y las relaciones humanas y sociales, tan innatas a nuestra necesidad de manifestar nuestras experiencias vivenciales a alguien más. Por la acostumbrada y solitaria vida de Adán, su persona se desplazará siempre hacia un lado más que al otro. Pues, ustedes tendrán el derecho a debatir lo contrario, si es que mi razonamiento no se ha estancado en la limitación de mis consideraciones: nacemos solos y nos morimos solos, por más que tratemos de perdernos en cavilaciones filosóficas de la constitución del ser como un ente social; muy a pesar de la necesaria concepción humana a partir de dos seres sexuales opuestos; aunque hablemos aquí de la dependencia de otro ser en la gestación y, también, en oposición a la idea platónica de encontrar la contraparte existencial del hombre y la mujer.
          Aludía a la ignorancia de la edad de Adán porque, además de desconocer a sus progenitores —si es que los tuvo—, tampoco sabemos de los primeros años de su infancia. Podemos adentrarnos en un mundo de especulaciones acerca de cómo fue que adquirió el conocimiento básico para la supervivencia en un mundo agreste, plagado de retos, complicaciones y peligros para el desarrollo de cualquier especie habitante de esta tierra. ¿Sería el destino? ¿Cuestión de suerte? ¿Designio de una fuerza omnipotente desconocida? Tal vez fuera pura imitación animal, instinto o llámesele como cada quien pueda. Si atendemos a los hechos presentados al principio, Adán dominó y se valió por sí solo de las cualidades de caza para alimentarse. Deduzco por imaginación que también supo valerse de ventajas de la misma índole que mi deducción, para encontrar refugio a un clima tan variable y protegerse de otros depredadores que, como él, seguirán buscando a diario el sustento proteínico que reclama el organismo para su manutención. Por necesidad o deseos propios ideamos siempre la manera de obtener lo que nos plazca.
          Pero sabemos que no sólo de pan vive el hombre, o en el caso de Adán: no sólo de carne, como tampoco se vive de una misma saciedad fisiológica, si es que nos adelantamos al momento del acercamiento carnal con Eva. Pero esa es ya otra historia. Porque para acercarnos a ese remoto suceso tenemos que seguir contando las consecuencias del encuentro entre estos dos seres opuestos, provocando en Adán un choque contra su microcosmos o, en otras palabras, más adecuadas a esta historia, a la noción de su paraíso personal; no sólo por el descubrimiento de la forma de vida de Eva, sino también porque ella le fue develando e introduciendo paulatinamente en su otro paraíso a éste que, ingenuamente, creía ser el hombre primogénito sobre la faz de la tierra. Conforme pasó el tiempo se fue enterando de una raza de hombres avezados en ingenios distintos a los suyos; de una forma de alimentación diferente a la suya, de la manera de vestir más cómoda y apta para las tareas diarias, de otras formas para reverenciar a la naturaleza y a la vida y de un suceso tan ajeno para él: el de convivir con otros, tan idénticos a su especie pero tan disímiles en sus costumbres.
          Con el tiempo, Adán supo enteramente los pormenores de la vida de este grupo de hombres y mujeres, de su cosmovisión y sus tradiciones. Sí, leyó usted bien: de sus tradiciones. Porque estos hombres supieron tanto dominar el arte de la comunicación que construyeron un sistema de escritura para plasmar sus conocimientos y transmitirlos de generación en generación para el bien de la comunidad, negando de manera opuesta la idea del antiguo paraíso de Adán. Y aunque éste adoptó muchas de las nuevas costumbres, sólo modificó la concepción de su paraíso añadiendo a Eva dentro de él. Optó por abandonar su soledad física, por juntarse primeramente con Eva y luego con los demás congéneres, pero nunca olvidó la manera autocomplaciente de disponer a sus anchas de las oportunidades provechosas para su persona, deficiente de concepciones empáticas para su alma tan idéntica a la de los otros y necesarias para su vida nueva en comunidad.
          Adán no tardó en habituarse al lenguaje hablado que Eva le enseñó, pero no dejó rastro escrito de su vida particular ni de su pensamiento arcaico, por eso ignoramos si su descendencia sobrevivió al embate constante del tiempo y si la hallemos actualmente viviendo entre nosotros.
Roberto Marav.

domingo, 15 de julio de 2012

La sombrita


ODA A LOS CERDOS

Los cerdos
Diego Capuz
Te encuentro lleno de luz
cerdo diamante,
tunco que confunde
las noches con el día,
cebón que anochece
mientras la penumbra
se oculta demente.

Cerdo capaz.
Cerdo cóncavo.
Cerdo escueto
que el silencio
llamó cerdo.

Porcino de las mangas rotas
más tiempo amante
y el rabo inquieto.

Verrón con las moscas allegadas,
de las orejas azules
y el despertar cotidiano.

Es el guarro tan amigo
como idiota.

Los cerdos son personas importantes en la vida,
son razones embargadas
rompibles solo a proeza
que se mueven perezosos
y despiertan atareados.

Los porcinos son personas ocupadas.
Son los chanchos el elixir
de este mundo ya sin vida.

Misericorde es el puerco,
indiscutible es el puerco,

¡es el tunco soberano tragafuegos!
Es el gocho cosmopolita correcto
de cantar impredecible.

Pobre tunco que poeta
viene a cavar nuestras tumbas,
a revolcarse en su escoria,
se redobla en nuestra sombra.

Es el guarro indecoroso preceptor
que corrompe las ciudades,
denuncia las armonías
y se mete en los confines
del arte que mana cerdos.

¡Mana tuncos este cerdo!

Nuestros chanchos son los musos desgarbados,
son los dogmas apareados,
convecciones sulfurantes.

¡Que cerdezco,
que roído,
que infame lo que halla sido!,
lo que al mirarse sosiego
optó por volverse guarro.

Puercos raudos y elocuentes,
guarro tinta,
guarro piedra.

Cerdo que rompe cantares
y canta en tono tan cerdo.

Cerdos, cerdos,

¡todo en esta vida es cerdo!,

todo amigo,
todo amante,
toda canción contrariada.

Es el verraco juez inapelable,
coloreado tunco
de chillido opaco.

Cerdo que le canta a los cantares.

Cerdo modesto, apremiante
que se come nuestra mierda,
acaba con nuestras voces,
corre a devorar las almas
y se mira el parentesco con los hombres...

                                                  Nidya Areli Díaz.


domingo, 8 de julio de 2012

Columna vertebral


EN LA OSCURIDAD



Al asecho
Dana Heil
Otra vez tarde… Mientras tiras las prendas sobre el piso percibes el olor del tabaco. Para mí, a pesar de este maldito vicio tu aroma es distinguible, la habitación se ha llenado de él como tus pupilas que aún no se adaptan a la oscuridad, mientras me buscas tratando de guiar los pasos con el ascua del cigarrillo que apague en cuanto entraste semidesnuda, ahí, solo tus bragas blancas cubren ligeramente el sexo, cálido, líquido que se ofrece palpitante todas las noches, me gusta esperarte “oculto”, jugar a ser el animal que asecha entre penumbras a la presa, aunque estoy seguro de mi papel que ha sido siempre el otro, el de la presa, al final de todos los días te aguardo con paciencia metido en este cuarto que siempre huele a humedad, te quedas parada ahí, a mitad de la alcoba, de pie esperas, afuera sopla el viento amenazador entre pinos y abetos que claman al contacto de sus garras, también a ti te toca, tiemblas, suelto la última bocanada de humo que empieza a asfixiarme, me levanto y camino hacia la puerta pero sabes que es mentira muy pronto estaré junto a ti, entonces cuando tome tus muñecas llevarás una al pecho y la otra al vientre, cada gemido marcará un leve estremecimiento mientras nos confundimos en un solo cuerpo, en ese instante olvido por un momento tu traición, ahora él ya no existe, recuerdo el rostro de Mariana su madre cuando sepultaron las cenizas de Gustavo, mi mejor amigo. ¿Por qué?, preguntaba mirándome, se refería a las puñaladas que recibió él en su gran casa, pues justo en plena sala encontraron el cadáver nadando en un oscuro charco de sangre nauseabunda, después de todo, ni una sospecha, hasta hoy no saben absolutamente nada de las causas…
          Te digo que recuerdo la mirada de Mariana todos los días al amanecer, en tanto enciendo el primer cigarrillo, es cuando pierdes la sonrisa, te posas sobre un espejo lejano mientras divagas, luego tratas de confortarme, Gustavo mi mejor amigo desde hace varios meses reducido a cenizas, guardado en una urna…
          Debo irme al trabajo pero antes me preparo para la ducha, abro la llave de la regadera y el agua cae de lleno en mi espalda erizada, te bañarías conmigo me lo has dicho tantas veces, pero no soportas mi costumbre de hacerlo con agua fría, es mejor así, finalmente, mientras paso la navaja de afeitar sobre mi rostro recuerdo ese semblante. Mariana preguntó ¿Por qué?, es extraño que Gustavo me observara de la misma forma, al darle el primer golpe con la navaja, me sentí mal, no lo soportaba, entonces para acabar pronto le di uno, otro, luego otro más, no supe cuantos fueron (dicen que veintiuno), no recuerdo bien, al terminar dije con esto queda saldada la cuenta de lo que hiciste con mi mujer, no sé… Él lo había negado…
          La verdad es que no me traicionaste con él ni con otro, pero quizá un día pudiera suceder, por eso lo hice, al principio pensé negarme pero ni lo sospecharon, ahora sé que no mentiría yo no fui el asesino, no podría, fue el otro el que es paciente y te acecha todas las noches mientras te desnudas bajo las sombras en espera del momento exacto para saltar y amarte, yo no podría, siempre desespero y me ahogo ante la idea de tu traición.

Jorge Iván Dompablo.


domingo, 1 de julio de 2012

Encuentros

Katheryn Elizabeth Hudson
(Katy Perry)


Katy Perry
César A. Montero A.

Hace unos días conversando con una amiga en una cafetería del centro de la Ciudad de México surgió una pregunta que no me fue sencillo contestar, quizá antes de escribir estas líneas aun no tengo certeza total de responderme a mi mismo de manera sensata: ¿Qué tipo de chica me gusta? Con el antecedente de varios tropiezos sentimentales, y al hecho de que hoy en día me mantengo ocupado con múltiples actividades profesionales, el resto de tiempo me deja poca oportunidad para dedicarlo a pensar con quién y cómo disfrutar dichos momentos, así que la mayoría de las veces me la paso con amigos, familia o solo.
          Hasta ese entonces no estaba tan preocupado por aquel cuestionamiento, pero cuando intenté definir un concepto de la mujer idónea para ser mi pareja, apareció un tartamudeo delator, luego quise cambiar de tema, pero ante la impaciencia de mi acompañante tuve que confesar que no tenía idea, casi siempre he andado con alguien porque no me ha quedado de otra, casi siempre lo he dejado hasta cierto punto a la deriva, al escucharme quedó sorprendida, después vino un inesperado y largo sermón sobre las relaciones personales, al final terminó por asignarme la tarea de escribir una lista de atributos físicos y de personalidad sobre cómo me gustaría que fuese esa persona especial, basta decirles que terminó pagando la cuenta con tal de que cumpliera con lo encargado en la próxima ocasión que nos viéramos, así lo sentenció.
          En los siguientes días pretendí restarle importancia a la empresa asignada pero fue imposible que las mujeres a mi alrededor pasaran desapercibidas, trataba de construir mentalmente a una con distintas partes de aquellas me habían parecido atractivas como si se tratase de un rompecabezas, luego las piezas faltantes como la voz de la chica que atiende la librería, la velocidad de la mujer madura que entrena para correr en la pista que frecuento, vaya, esto ya se estaba convirtiendo en una serie de combinaciones infinitas que comenzaban a estresarme y a no tener solución.
          Llegó el día en que debía entregar mi tarea, previo a la cita con mi amiga, caminaba por una calle en la cual se construía un edificio, así fue como encontré una respuesta parcial a mis necesidades masculinas, en aquel lugar se encontraban diversos espectaculares que cubrían la obra negra, en uno de ellos aparecía una mujer de cabello oscuro, ojos celestes y tez blanca, me pareció hermosa y pensé: así es como quisiera que fuera, ella sería una buena razón para despertar de manera positiva los días, el nombre de aquella mujer que pertenece al medio musical e internacional vino a mi mente, claro Katy Perry. Fue así como sentí cierto alivio, al encontrar parte de la solución a la interrogante que más adelante debería responder.
Frank CasPe.