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| El asesino invisible Ignacio Bernal |
Allegada sombra que se cierne oblonga sobre el día
Como en remota cúspide,
adentrado mi corazón en el averno,queda en mí,
desgarrada la conciencia
y los credos
y el religioso espectro,
la promesa
del absurdo consuelo
quimérico y atroz,
revolcándose éste
¿por qué no?
en imágenes
cual viva náusea
de las primeras planas de los diarios, ¿Y el silencio?
gazpacho matutino Una concavidad que no se sacia,
de cuerpos mutilados, siempre en espera,
crema infecta al asecho del matón
del hipócrita discurso, y el inocente,
del discurso primoroso de los niños que juegan en la calle,
elocuente, no coherente de los que vienen de la escuela,
de las bocas de tiranos belcebús. de los que no van a la escuela.
Ya se allega al pimpollo,
Como sarcasmo inmune a la crisálida,
y enardecido grito a los pequeños y mustios pájaros,
de un colorido cadáver, a la serpiente de Eva
se debaten al fin y a los brazos de Adán.
siempre expectantes
cual galgos sedientos, Como gárgola
garra siniestra, que en el más profundo sueño
guillotina sin la tajada testa: me alcanzase,
que se allegue la víctima, se allega;
muchacha descalza, y derrama en mí
jornalero alzado certidumbre
por su tierra, paso provecto al vacío,
estudiante letrado de ideales, insomnio incesante,
o de ilusiones, insomnio de corrupto sueño,
pletórico migrante. sonido de tiros,
algarabía de masacres retozonas,
Ya se allega la señora masacres gordas y rosadas
que en mitad del guiso levantó el auricular escondidas detrás de los zaguanes.
de la helada noticia,
ya los novios Ya se allegan con potentes blasfemias,
beso a medias con seductoras y amantes y bestiales horas
por la bala, lacerándoles las vidas. en que se cierran los ojos
Ya se allega el de paso indiferente, y los niños dormitan
el que se creía seguro tendidos en el estupor,
irrumpida su morada en la impavidez de sus madres
por caretas allí sobre la acera,
no se sabe de qué bando. en que es hallada la virgen, desvirgada,
bocabajo,
Allegase también el burgués, tragándose la tierra,
la diva fílmica, tragándola la tierra,
el niño ladrón que jugaba putrefacta;
al poder. en que la madre interrumpe
la novela de las seis,
Ya se allegan. deja caer la bocina,
se deja caer el cuerpo,
y el grito estridente
se seca como cardo en su garganta.
Ya se allega,
cautelosamente.
Esperaré en silencio,
con los pelos erizos...
que me encuentre.
Nidya Areli Díaz.




