Círculos de lectura
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| Bibloioteca Manuel Domínguez |
Juguemos a los círculos de lectura, es muy fácil: primero volteas a ver al amigo más querido y más cercano, no importa que no le guste leer, no importa que no tenga libros, no importa que lo hayas conocido en una fiesta perreando con reguetón. Le propones a tu amigo que lean un libro juntos y, para que le sea atractivo, piensas un poco en qué podría llamarle la atención. Quizá sea un dark más vampírico que el mismísimo Drácula en su momento más sanguinario; en ese caso puedes sugerirle al maestro del terror: H. P. Lovecraft y, para que se la crea, hasta podrías ingeniártelas para que piense que el de la idea fue él y que tú solo lo secundas.
No importa, pues, qué bandera enarbole tu amigo, si su lema es “Naco es chido”, pues algo de Armando Vega Gil; si la violencia y lo transgresor es lo suyo, por qué no Fernando Vallejo; si es una chica a la que le llama más lo rosa, estará bien Louisa May Alcott o la misma Jane Austen; ahora que si los laberintos lo intrigan, Borges le irá muy bien. No importa a qué se dedique o cuáles sean sus intereses, lo importante es encontrar algo que lo haga feliz. Por otro lado, si son amigos, seguramente tendrán algo en común, de allí ha de salir la lectura que los una y los amigue más. Si no sabes qué leer siempre puedes buscar algún blog de literatura en la red para que te den sugerencia, o puedes pedirle consejo a un maestro; o puedes, incluso, acercarte a alguien que lea y que se mueva en el medio que te interesa.
No importa, pues, qué bandera enarbole tu amigo, si su lema es “Naco es chido”, pues algo de Armando Vega Gil; si la violencia y lo transgresor es lo suyo, por qué no Fernando Vallejo; si es una chica a la que le llama más lo rosa, estará bien Louisa May Alcott o la misma Jane Austen; ahora que si los laberintos lo intrigan, Borges le irá muy bien. No importa a qué se dedique o cuáles sean sus intereses, lo importante es encontrar algo que lo haga feliz. Por otro lado, si son amigos, seguramente tendrán algo en común, de allí ha de salir la lectura que los una y los amigue más. Si no sabes qué leer siempre puedes buscar algún blog de literatura en la red para que te den sugerencia, o puedes pedirle consejo a un maestro; o puedes, incluso, acercarte a alguien que lea y que se mueva en el medio que te interesa.
Una vez que hayan conseguido el libro ideal, el paso siguiente es poner un día de análisis o de lectura. Pueden conseguir el libro por internet, fotocopiarlo, robarlo, o también comprarlo. Debe haber un día a la semana en el que puedan verse ya sea para leer juntos o para platicar de la lectura que hayan acordado antes. El punto es que cada uno pueda expresarse a sus anchas para decir que el capítulo está poca-madre o que el guey que lo escribió es un pendejazo. Aquí lo importante es compartir impresiones. Es vital que acaben de leer todo el libro porque de ello dependerá que vayan haciéndose un criterio literario. Aunque lo ideal es que les guste lo que eligieron, ya sea porque ya tienen nociones al respecto o porque alguien se los recomendó ampliamente; dicen que echando a perder se aprende, así que no teman equivocarse al elegir un libro para odiarlo después. La ventaja de ello radicará en que a partir de la experiencia podrán emitir un juicio y poseerán un bagaje que antes no tenían.
La constancia es súper importante. Si han quedado en discutir un capítulo una vez a la semana, que sea el día y a la hora que eligieron sin omitir ni una sílaba en la discusión. Si es una vez al mes no importa, lo imprescindible es que no dejen de hacerlo así llueva, truene o esté a punto de acabarse el mundo. Una vez que hayan iniciado las sesiones y que te hayas tomado muy en serio tu papel de moderador, pueden seguir invitando valedores que compartan sus gustos. Así como “naco es chido”, leer es chingón, cool, súper, la neta, etcétera; así que no temas decirle al mundo lo que haces. Se lee para defender una postura, para conocer modos de pensar distintos, para liberar al espíritu. Debes sentirte muy orgulloso de ser un lector activo.
Cuando terminen los santos preceptos de lo fantástico de Harry Potter, quizá les interese seguir con algo más intenso como Julio Verne, o más psicológico como Cortazar. Hay que leer un poquito cada día y, si tal actividad te elevó, no dudes en escribir en un cuaderno o en el mismo libro tus pensamientos. Verás cómo comienzas a comprenderte mejor a ti mismo, a conocerte más, a desentramarte como el acertijo que eres para tu propia mente.
Cada vez que terminen un capítulo se sentirán muy orgullosos y satisfechos, y cuando lleguen al final del libro, sabrán que son capaces de aprender y saber muchas cosas que el resto del mundo ignora. Nunca un círculo será demasiado grande, serán bienvenidos todos los que quieran unirse y pasen la prueba de las tres primeras sesiones, lo demás será historia. Una hermandad, una secta, una cofradía, un microcosmos puede gestarse allí. Así que no esperes más, libérate y libera a alguien más, sé paciente, perseverante e inicia tu propio círculo de lectura.
Nidya Areli Díaz.
