Pelicuije pelón
![]() |
| Pax Donatello Getsemaní |
Un pelicuije pelón llegó el verano pasado a manos de la familia Ordoñez Mesa. Lazarita, que es la menor de las hijas fue quien en primer lugar se encariñó con él; así que, desde su venida, todas las sucesivas mañanas lo ha sacado a caminata por el cocotal del puerto.
Laváronle muy bien la carita sonrosada por la calvicie prematura, la naruquita de caramelo que al perrito Vampi le gustó morder desde el principio, sus orejitas paradas de gato desvalido, sus pequeñas extremidades de chocolate, y su muy prominente pancita de hembra cargada.
Se dice que los pelicuijes suelen ser criaturas muy pacíficas, pero lo cierto es que cuando el pequeño Lalo quiso jalar en broma su colita multicolor, moteada y peludita, este pelicuije, que era apenas un cachorrito tierno, lanzó al niño tan tremendo zarpazo que tuvieron que meterle doce puntas a un tamaño desfiguro que quedó de recuerdo en su brazo en forma de cicatriz. Opinan varios sabios y bastos veterinarios además de un chaman de Catemaco que el afrentoso desplante del animal pudiera deberse, más que a cualquier otra cosa como la dieta o el trato de la familia Ordoñez Mesa, a la calvicie misma que debe ser un caso un mal congénito, toda dilucidación a cuenta de que: ¿cuándo se había visto en este mundo un pelicuije pelón?
Fuera que aquél alarmante suceso, la criatura se ha portado del todo bien: come a sus horas, hace de las aguas al pie de la ceiba que adorna el centro del jardín, duerme de noche y anda de día cuida la casa cuando la familia está fuera y, además, lleva recados a los vecinos de la señora Flor cuando ella se lo pide. ¡Qué buen pelicuije!, le dicen todos…
Nidya Areli Díaz.
