domingo, 30 de diciembre de 2012

La sombrita


Epitafio

Diente de león
Tito Varela

Éste es mi leprosario,

mi desvelado mito;

el canto del silencio granulado,

los halos ingrávidos

de las flores mudas y dispersas.



Yazco muy suspendida,

tan ufana,

con una carcajada como joya,

cual piedra ardiente de mina lejana,

cual tejidos exóticos de oriente,

como una estela de estrellas consumidas

y una ranura abierta de aves blancas.



Éste es mi leprosario,

me acompañan las nubes

y los vientos helados,

el aliento deífico y azur

del elevado ombligo

de preciosas gemas estelares;

me acompañan también

una cigarra llorona,

la rana saltarina y briosa,

el gusano que me come,

las sales terrestres,

terrenas y terrosas.



Éste es mi leprosario

y me consuela

la rosa que huérfana trajiste,

los nenúfares crecientes

que un soplo diletante mece,

un diente de león,

un campanario lejano

que resuena entristecido cada hora;

el infinito cielo,

el cielo, la bóveda,

la bóveda

y el Dios.


                                Nidya Areli Díaz.







domingo, 23 de diciembre de 2012

Columna vertebral


Volar

El vuelo
Martha Patricia Trauwitz Gomez
Volar, sueño con ser pájaro, no, pájaro no, algo más, otra cosa, el único deporte extremo que me gustaría practicar es el salto bonji. Abro los ojos y una parte de mí nota que sólo faltan dos estaciones y comienza a luchar contra la otra que quiere permanecer dentro del sueño, los parpados se cierran solos, el sueño es como una telaraña de la cual quiero escapar, en realidad me imagino como una hormiga atrapada por un chicle rosa tirado en el asfalto al medio día. Un último esfuerzo y por fin consigo el impulso que viaja desde las plantas de mis pies, pone rectas mis piernas, avanza como una descarga eléctrica suave por la columna vertebral y endereza mi cuello. La gente que aguarda a mis espaldas para salir me arroja fuera y me pone en marcha. Luego la inercia hace su trabajo, hasta que ya fuera, la briza de la tarde termina por devolverme a la realidad. Respiro profundo…

          En el camino tropiezo con la vendedora de galletas artesanales, el joven que trata de convencerme de que le compre un disco de su propia autoría, la gente de siempre, y como siempre se me antojan las galletas y quisiera apoyar al joven, pero me detiene la imagen del boleto del metro, la moneda de a cinco y la de a dos que llevo en la bolsa de mi pantalón desgastado, también tengo mucha sed, por suerte han instalado agua potable en la escuela, de lo contrario tendría que esperar hasta volver a casa.

          Avanzo, nuevamente me imagino como una hormiga, pero esta vez cargando una piedra bajo los rayos implacables del sol. Mientras llego a mi destino, hago un breve recuento de mi rutina: el trabajo que odio; la escuela que amo y a la que siempre llego cansado; finalmente las clases de natación, ¿a quién se le ocurre tomar clases de natación a estas alturas de la vida y en tales condiciones?, sin embargo, desde hace un mes que comencé, me he sentido mejor.

          Hoy el agua de la regadera está fría, es por ello que todos se apresuran y se bañan lo más rápido que pueden. Afuera el sol esta esplendido, termino y sin secarme del todo salgo corriendo porque se me ha hecho tarde, mis compañeros ya están corriendo junto a la alberca, hago un paquete con las sandalias y la toalla.

          Libertad, cuerpos semidesnudos, aire fresco. Me gusta sentir el contacto de la tierra y el pasto bajo las plantas de mis pies, el sol enciende nuestros cuerpos, nos hace sentirnos orgullosos de mostrarnos cual somos, sin los engaños de la ropa, sonrisas; calentamiento previo y después el momento anhelado… ¡Al agua! Nadar de espaldas es como volar, reflexiono al percibir la misma sensación del sueño del metro en mi piel, además también se mira el cielo infinito; sumergirse es como un gran abrazo que te da la vida.

          Hoy es el día, la maestra nos da las últimas indicaciones de seguridad y nos encaminamos hacia la posa, esta es una parte no muy ancha de la alberca que tiene tres metros de profundidad, la mayoría estamos nerviosos, sólo Jessi, una joven muy hermosa, primera de la clase en todo, parece muy feliz y despreocupada, en contraste la señora Lourdes refleja el terror en sus ojos, la maestra, para tranquilizarla, le arroja una tabla con la cual puede mantenerse a flote, tengo un mal presentimiento de todo esto. El sol comienza a bajar, contemplo su reflejo dorado en el agua y miró como avanza el grupo delante de mí, parecemos patitos.

          Uno a uno nos turnamos para cruzar nadando a la otra orilla, mientras uno cruza los demás observamos aferrados a los doce centímetros seguros que nos brindan nuestras manos, hemos pasado casi todos, es el turno de la señora Lourdes, toda ella es una angustia, lentamente avanza hacia nosotros, se esfuerza al máximo, la maestra le dice que siga adelante que ya le falta poco, además nos pide que le dejemos espacio en nuestra orilla para que se sostenga al llegar, nos separamos y nado sin pensarlo hacia el lado contrario, volteo en el momento en que su rostro se llena de emoción por lo que acaba de hacer. Jessi, nada hacia donde estoy y se detiene junto a mí, trato de moverme un poco hacia a tras para evitar el contacto, pero el movimiento del agua hace que mi mano falle en la búsqueda de la orilla y me hundo.

          El aire se me está acabando y no logró salir a flote, intento tocar el fondo e impulsarme desde abajo para salir, mientras lo hago, reflexiono sobre lo que ha ocurrido, no estoy nervioso, toco el piso pero me doy cuenta que debí de ayudarme con las manos para que el impulso fuera más fuerte, mientras voy subiendo, pienso en lo que puedo hacer cuando llegue arriba: una opción es pedir ayuda, pero no tengo muchas esperanzas de que alguien lo note, todos están ocupados en no ahogarse, además nunca me había pasado esto, lo cual hace poco probable que me estén mirando, creo además que si grito no tendré tiempo para tomar aire, así que decido sólo tomar aire y tratar de buscar la orilla.

          Salí y me hundí de nuevo, el aire que alcance a tomar no fue suficiente, tome la decisión equivocada. Bajo el agua escucho las voces felices de mis compañeros, también miro sur piernas en vaivén, rememoro el cuerpo esplendido de Jessi bajo el sol. No tengo miedo, sumergirte en el agua es como un gran abrazo que te da la vida…

Jorge Iván Dompablo.



domingo, 16 de diciembre de 2012

Encuentros


Cuenta personal

Rompiendo el agua
Angel Abreu
Ya son diez años, los días transcurren como gotas de agua, unas cuantas son dulces otras tantas saladas, la vida se convirtió en océano cuando concluí mis estudios universitarios, en este tiempo igual he pasado por técnico en mantenimiento de pisos de madera, como también administrador de proyectos en una empresa de telefonía celular y en últimas fechas principalmente siendo docente en la institución de la cual egresé, tuve momentos donde el dinero fue abundante a costa de mi libertad, emprendí y abandoné distintas aventuras, la que más recuerdo fue en Corea del sur, la más enriquecedora ha sido iniciar un negocio.

          Mantengo el mismo peso corporal, envejezco, me gusta cómo me veo ahora, aunque el hecho de que me rompieran la nariz provocó una ligera desviación, dos intervenciones quirúrgicas. ¡Dios, no extraño para nada el pasado! No me gustaría volver atrás en el tiempo, prefiero encontrar cosas en el presente, a veces me atormenta la incertidumbre del futuro, suelo ir al cine como antes, te ofrezco una charla y una taza de café, me alejo de las masas, del ruido estridente, de los cohetes en fiestas patronales. Empecé en un taller de creación literaria, gané algunos premios literarios en poesía y cuento, luego continué con guiones cinematográficos para, finalmente, terminar enamorado de la publicidad y, a todo esto, estudié ingeniería en comunicaciones y electrónica con especialidad en acústica.

          Antes sólo jugaba soccer, pero años después encontré en el taekwondo amigos que se han convertido en hermanos, hallé la disciplina que me puso a competir con los mejores atletas del país; por razones personales decidí dejarlo, comencé a correr más no a escapar, me han enseñado a utilizar los puños, me encanta la sensación de cansancio después de un buen entrenamiento.

          Me han pasado cosas muy tristes, pero no vine aquí a contarlas, sólo han pasado, y he llorado, aun lloro por aquellas en las que creo cargar cierta culpa. Hoy igual que aquel lejano diciembre me encuentro sin novia, entre ese lapso he tenido amores, desamores, desafortunadamente ninguno ha valido la pena, mis gustos se han adaptado de acuerdo a la edad, de mujeres adolescentes a mujeres veinteañeras, no tengo mascotas en casa, he dejado casa dos veces, he vuelto el mismo número de ocasiones.

          Me considero un creativo en expansión, un universo que busca solidificarse, encontrar una forma, a veces me perturba mi imaginación, recurro muy a menudo a ella; tanto, que para escribir este texto divago, ya me dieron ganas de escuchar a alguien que me pregunte, que se interese por saber algo de mí, dejo entonces abierta la posibilidad, mientras tanto trazo algunas rutas en un mapa estelar para continuar mi viaje a través de la vida.

Frank CasPe.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Crisol florido


Al margen


Y muy dentro de la volatilidad de tu voz.


La pasión
Atremov
 me hundo

me altero

me doblego

me retuerzo

me lloro

te recuerdo

te digo

te escribo:



Verde amor de hoja gris,

trino amargo,

mano sobria

de canto

de bífido

de crisálida y podrida piel

de luz y agua

y tinta agria

de café y sal.

Triste hoguera de mí

silla sin ti

de principio

de intervalo

y fin.



Es todo.

La fatalidad nos adquiere.

El día es más púrpura que hoy.



Mi ebriedad

me ahoga

un vaso de cerveza

y papel en blanco

gotean por mis dedos.



Todo es locura,

todo es pasión,

todo es lineal,

Me retraso en el tiempo,

decaigo y lloro.



Anotación:

Pondré al margen

Tu Nombre





Crímenes

Ojos con filisteos amargos,

llaman con enredos vacíos de voz,

ruines ladridos

fúnebres navajas invernales.



Sólo mi ser,

gris y falso,

con vestidos de septiembres.



Cuelga el humo de los caballos

en las plumas verdes,

en los cisnes.



Oculta la verdad lastimera

y la quietud de las sábanas

bajo mi piel roída.



Delatan las manecillas

de la arena quemada

en el reloj.

Son tus crímenes

y tus deseos

la materia febril de los arroyos.



Ven hacia el fuego

antes de que la memoria,

por enojo,

te descubra traidor.

                            Iris G. Godínez García

domingo, 2 de diciembre de 2012

La sombrita


Pelicuije pelón

Pax
Donatello Getsemaní
Un pelicuije pelón llegó el verano pasado a manos de la familia Ordoñez Mesa. Lazarita, que es la menor de las hijas fue quien en primer lugar se encariñó con él; así que, desde su venida, todas las sucesivas mañanas lo ha sacado a caminata por el cocotal del puerto.

          Laváronle muy bien la carita sonrosada por la calvicie prematura, la naruquita de caramelo que al perrito Vampi le gustó morder desde el principio, sus orejitas paradas de gato desvalido, sus pequeñas extremidades de chocolate, y su muy prominente pancita de hembra cargada.

          Se dice que los pelicuijes suelen ser criaturas muy pacíficas, pero lo cierto es que cuando el pequeño Lalo quiso jalar en broma su colita multicolor, moteada y peludita, este pelicuije, que era apenas un cachorrito tierno, lanzó al niño tan tremendo zarpazo que tuvieron que meterle doce puntas a un tamaño desfiguro que quedó de recuerdo en su brazo en forma de cicatriz. Opinan varios sabios y bastos veterinarios además de un chaman de Catemaco que el afrentoso desplante del animal pudiera deberse, más que a cualquier otra cosa como la dieta o el trato de la familia Ordoñez Mesa, a la calvicie misma que debe ser un caso un mal congénito, toda dilucidación a cuenta de que: ¿cuándo se había visto en este mundo un pelicuije pelón?

          Fuera que aquél alarmante suceso, la criatura se ha portado del todo bien: come a sus horas, hace de las aguas al pie de la ceiba que adorna el centro del jardín, duerme de noche y anda de día cuida la casa cuando la familia está fuera y, además, lleva recados a los vecinos de la señora Flor cuando ella se lo pide. ¡Qué buen pelicuije!, le dicen todos…

Nidya Areli Díaz.