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domingo, 25 de agosto de 2013

Se busca


Por María de Jesús Gómez Lazos.
 
IX 

Encuentras un papel arrugado en la banqueta… 

Niña escondiéndose
Jorge A. Morales
         Estaba ahí cubierta de hojas y polvo. Había ganado el juego. En un instante decisivo comprendió las reglas y las hizo suyas. Un hecho sin precedentes, ella, una niña pequeña lo había logrado. Era tan simple, tan lógico ¿cómo es que nadie lo intentó antes? Ah, pero no cualquiera puede llegar a la cima del éxito en un oficio o en un pasatiempo. Ese lugar privilegiado le corresponde a los mejores, a los que se esfuerzan por conseguir sus metas, a los  que no claudican a pesar de los sinsabores. Nadie lo supo y nadie lo supondría nunca. Qué pérdida para la humanidad, la historia quedaría para siempre incompleta; pero qué más da, si la vida no es perfecta, un acto puro como aquel no podía mezclarse con el absurdo. En el Universo quedaría para siempre la satisfacción del triunfo, su satisfacción, su triunfo. Sus últimos pensamientos se dirigieron a su madre, qué orgullosa habría estado de ella si alguien le hubiera dicho que su nena, la más chica, en una cueva no muy  lejana a casa, dándolo todo de sí, se consolidaba como invicta en el juego de las escondidas.  

         Suspiras, lo vuelves a hacer bola y lo pateas. Ella no es, no estaría inmóvil, puedes evocar el movimiento de su falda… ¿puedes?
 

domingo, 28 de julio de 2013

Se busca

Por María de Jesús Gómez Lazos. 

VIII 

No siempre existe lo que se busca, ni se busca siempre lo que existe. Sus pisadas pudieron ser surcos viajando en espiral; puntos mudos, firmes o vacilantes; huellas con grecas torcidas; códigos secretos en escritura binaria…     

Oleaje en el mar
Antonia Moraga Olivares
        
          Pudo ser pero ella juega y llegará el momento en que no tenga con quien jugar. Entonces romperá las reglas de los otros juegos. Pegará las piezas de los rompecabezas, los llenará de besos y velará sus sueños hasta que se levanten fuertes, saludables, enteros y puedan correr por ahí como galgos alegres. Abrirá orificios en los paraguas, en las suelas de los zapatos, en los libros. Se rociará alpiste en la cabeza para alimentar a las aves. Y cuando nadie recuerde su nombre aprenderá a volar.

         Es que ella se entiende con el viento. Su amor es de tardes verdes endulzadas con miel de abeja. Cantos simples, caricias suaves. Él es niño y aún no se la puede llevar. Acostada en el pasto anhela el día en el que modelará a las nubes a su antojo. Le llueven las hojas, se vuelven peces, de cada árbol un barco se hace a la mar.
 

domingo, 30 de junio de 2013

Se busca

Por María de Jesús Gómez Lazos.

VII
        

A través de tus ojos
Yolanda Ahenández Salas  
Risa vagabunda oculta en la calle. Fragmento de nada. Suspiro de nadie. Magia a su manera. Sueño invulnerable. Emoción de tierra. Ambición de aire. Eres lo que tengo, frente a las vitrinas de los centros comerciales, mi todo inconcluso, el puente de mis mundos. Dicen que has huido porque no te ven… dicen que te saben porque no te ven. A veces me enojas, ¡me aburres! Te ignoro y volteó la cara, no entiendo como de repente descubro mis pasos detrás de tu espalda. Yo no te conozco y por lo general no me inspiras confianza; pero hay algo en tus manos, algo que me gana. Uno de estos días arrojaré los zapatos muy lejos y con ellos la bolsa, las llaves de mi casa, el paraguas; me lavare la cara en un charco, iré a tu encuentro saltando, te cubriré los ojos con mis manos y… adivina.
 

domingo, 2 de junio de 2013

Se busca

Por María de Jesús Gómez Lazos.

VI
        
¡Se busca!, ella se busca... pero ¿ya fijaron recompensa?, ¿se persigue de oficio?, ¿alcanzará fianza?, ¿cuál será su pena?, ¿cuál es el delito? 

Un día guiñó el ojo poco más de la cuenta. Sería un tic nervioso.
Usó un vestido de tirantes. El calor no discute cuando aprieta.
Tiene amigos imaginarios. Como todos.
Sonríe mucho. Cada quien sabe lo que compensa.
Opina sin pedir el uso de la palabra. Digamos que lo que existe se mueve.
Se viste de rojo sin convicción. Si favorece el color de sus mejillas…
No tiene chiste. En este mundo no todos son comediantes.
Reparte remedios caseros sin prescripción médica. Le viene de familia, eso puede ser un atenuante.
Le falla la ortografía. ¿Escribe manuales de usuario para productos chinos?
Se salta algunas citas. Es libre cuando lee.
Se esperaba más de ella. Seguramente de una desconocida.
No le pone sal a la comida. Ella es sal y lo sabe.
Debe catorce arbolitos. Ya habrá tiempo para reforestar los campos.
Se le pasan las fechas para entregar su colaboración. Innovará en deportes olímpicos.
Es incapaz de hablarle. Si él no viera, no necesitaría escuchar nada.
Es infantil. No tiene raspadas las rodillas.
No ve el suelo donde pisa. Ve las nubes, los astros, el rostro de la gente.
Culpable. Culpable. 
 
 

domingo, 5 de mayo de 2013

Se busca

Por María de Jesús Gómez Lazos.
 
V 

         Cae la noche y se retoma la búsqueda. Cierra los ojos, los oídos… la mira, no la ha visto nunca pero la mira.  

¿La conoce usted?, ¿podría describirme como se mueve su falda al atravesar la calle?  

Recuerda el sonido del agua, el pasto húmedo y los aspersores trabajando. Las hormigas huyen a su paso porque su tacto es suave y antojable; se perderían inevitablemente en la obscuridad de su conciencia si osaran picarla en los tobillos o en uno de sus dedos o en el arco de su planta o…

¿Buscaría usted hormigas? 

… es agua su voz. Agua que al regarse va formando charcos en la Tierra; a veces  jugando la despeina y si se arrepiente, le hace chongos pequeños que imitan a las nubes. ¡Ah la Tierra! por un tiempo breve se broncea y se imagina Noche y aprieta los músculos con cierta intrepidez de adolescente coqueta, entonces desprende su aroma de conquista enloqueciendo a las aves hasta unirlas al canto que las alimenta. ¡Y yo escuché su voz, yo que estoy hecho de Tierra! 

Cuando la Noche es más negra hace prisionera a la Luna, se disfraza para retenerla y la envuelve en sus largos brazos, la oculta completa para que nadie más pueda atreverse a verla. Pobre Noche, pobre imitación de Tierra, no puede sentirla aunque ya la tenga y se angustia y cede y la Luna sale a contemplar su Tierra. Cuando cae la Noche no salgo a buscarla, la busco en mis ojos porque ella se acerca. 

Ya no dijo más ni pregunté nada, era muy de noche, ahí estaba ella.  

domingo, 7 de abril de 2013

Se busca

Por María de Jesús Gómez Lazos. 

IV 

¡Sí, ya sé!, no son suficientes rostros, rumores ni rutas para encontrarla. Usted que la busca no pregunta nada; no solicita testigos de la última vez que fue vista; no frecuenta los sitios que ella frecuentaba; no se mueve si la mira… sonríe.
 
Y ella ¿se hará preguntas? Cuando entra el sol por la ventana, cuando la luna guiña desde lo alto del pasillo. ¡Qué emocionante la tercera llamada! pero las emociones se hicieron para estómagos blindados, inmunes a las amibas y a las mariposas. El resto necesita un tecito caliente con manteca y convertirse en Buda por dos o tres días de la semana. ¿Quién será ahora?, ¿llevará peluca?, ¿estará bien de salud? 
 
Si no protesta continuaré, usted sabe lo que dicen del que calla. De la bolsa del silencio seguramente va esparciendo las migajas. La nada borra el camino, los sentidos… las pisadas. Le dije ya que no habla ¿verdad? Pues en efecto, nunca ha dicho una palabra. 
 
Presiento que se encuentra en la madrugada, bajo los árboles, cuando las gotitas de rocío comienzan a cubrir las plantas. En las tardes del desierto, en las noches de la playa. Guarda en su cuaderno arena del reloj que se rompió porque para almacenar el tiempo no hace falta medidor.
 
Usted sabe que sigo y me deja continuar porque lleva arena en los ojos, porque lee antes que el mar. Guárdeme el secreto, entonces y sígame sin cesar. Llegaremos a otros tiempos, a otras tierras a otra faz. Su voz se teñirá de verde, sus pasos dejarán de caminar y plantaremos semillas en el asfalto de la ciudad. 
 
 

domingo, 10 de marzo de 2013

Se busca

 
Por María de Jesús Gómez Lazos.

 
III
 
De una noche cae una lágrima que ahoga el mundo, vacío invasor de los latidos y las palabras. De dos noches caen dos lágrimas que ahogan dos mundos, vacío invasor de tus ojos y mi habla. De tres noches caen tres lágrimas que ahogan tres mundos, vacío invasor de intenciones y mudanzas.

Luchan los peces contra las redes, cada uno con sus propias agallas y para cantar el canario tuvo que escucharle a otro la tonada.

Erase una vez una golondrina que buscaba el nido. Voló por los prados, por los valles; llegó a una ciudad desierta, entró a las casas sin tocar las puertas, bebió agua, mucha agua y comió granos que antes jamás probara. Y al tomar el agua y al comer los granos, escuchó a otras aves que tomaban agua, que comían más granos. Así, día tras día, bebiendo y comiendo, oyendo y buscando se quedó muy sola, más de lo que estaba.

Mi niña querida, mi amorosa y tierna; cierra tus ojitos, no escuches el eco. La noche está cerca y viene atormentada. Métete a la cama, sube los piecitos iremos a España.

Dulce niña mía, sueña que te cuento, duerme y no preguntes más, mi alma; mañana se abrirá otro día, mañana por esta ventanita un corazón inquieto agitará las alas.

Y llegó una noche, y de ella una lágrima. Se ahogaron los peces sin salir del agua. Pero cuenta el viejo, ese que de viejo ya no tiene nada, que fue de un canario la voz libertaria. En la rama sola cantó su tonada, de su fiero pico nacieron las águilas y un latir extraño que casi zumbaba.
 
 

domingo, 10 de febrero de 2013

Se busca


Por María de Jesús Gómez Lazos.
 

II
 

Un, dos, tres por mí, que por ti no digo nada.
Corazón ¿por qué te escondes?
Ve el rincón, está vacío
como el frasco de botones
como en octubre tu jaula
Corazón, perdí la cuenta
¿Cómo sabré abrir los ojos cuando sienta tu llegada? 

Para la siguiente herida se habrá terminado el café y sobrará el insomnio oculto bajo la manga. Si usted la busca es que existe, si la encuentra… En la próxima estación el humo se hará más denso: no corra, no grite, no empuje. 
 
Ella intentará engañarlo, sea sincero pero sospeche cuando pierda el interés. Conoce todos sus movimientos, sus hábitos alimenticios, sus gustos. Lo ha visto titubear hasta quebrarse, lo ha atrapado en su mentira, le ha sacado una ilusión. No es peligrosa, sólo natural como la muerte. 
 
Caminemos, caminemos. Respire: aventuras de cruzados, rizos de oro en cucharadas de alcohol, el hombre puede vivir solo porque fue solo como nació. Campo y ave, río sin agua. Canto leve. Proyección.  

Quítese los zapatos si pretende pisar el sol. 

Un, dos, tres por mí
Un, dos, tres, así
Un, dos, tres, te vi. 
 
 

domingo, 13 de enero de 2013

Se busca


I


¡Sí, ya sé!, no es suficiente. Elogia la madrugada, el trabajo, le gusta sentir la fuerza de su cuerpo. El calor la desmaya. No es bonita. Permanece tirada mucho tiempo ¿Le interesa? Dos ojos pequeños, nariz extraña, la boca es apenas un hueco de su cara. Le digo, pasa desapercibida. Sube al micro, se sienta, saca las monedas… a veces no se sienta y a medio camino se baja.

          Anda con la mochila en hombros, no habla. ¡Por supuesto que no es muda!, y tampoco cambia. ¿Cuánto pesa? Ella sostiene la mirada, hace cosquillas en el cuello, jala. Un momento de tensión, sin sonrisa, sin lágrimas, cuatro puntos ¿Y la vida?

          Le gusta jugar con los niños, con los perros, con… le gusta jugar. ¿No le ha dado algún consejo? Seguro le sería muy útil. Son pocos sus amigos y mueren pronto, caen cuando sopla el viento, cuando los invaden, cuando quieren. Ya entrados en el tema, debo informarle que canta como el agua. A veces tiene la boca abierta por horas, su voz a medio día parece hilacha.

          Esa garganta, otro de sus problemas. En este momento podría tener fiebre, la cabeza helada, estar a obscuras revolcándose en un colchón seco, tomando jugo de uva artificial. Ha cortado limones, nunca la cantidad necesaria; y a quién le importa, si las ensaladas se aderezan con vinagre. No sabe cocinar pero lo hace, y no sabría volar tampoco. “Dime con quién andas”, yo no diré nada ¿y usted?


          No le gustan las tangentes. Riega las plantas y acomoda el arcoíris, hasta que sus pies están bien cubiertos de lodo. Luego descansa.

          La temporada propicia para subir a los barcos es cuando llueve, especialmente si hay tempestad. ¿Y la cama? de madera. ¡Listos los pañuelos que comeremos cerezas!

          Hay feria en el pueblo ¿quién quiere ir a España? ¿Y venderá su vajilla? Sólo para comprarla. Toda transacción pecuniaria aburre con la práctica. El algodón no es negocio porque no se extraen dividendos de las lámparas. ¿Le interesa?

          Usaba rebozo para salir, y a pesar de la rutina nunca aprendió a dar la espalda. ¿Dónde nacen los andantes?, ¿de las suelas gastadas? Los años se les resbalan, no tienen destino. Ella ha sido testigo porque el dulce la empalaga, porque siempre crea distancia. ¡Eso es! Y se da cuenta... Acostumbra usar vestidos por el calor. Tiene uno con lunares rojos. Afuera, entre mosquitos hambrientos.

          ¿Ha sentido miedo? De pie. Siempre de pie vacilan las piernas. Se endurece, presiente.

          Buena fuera fugitiva, pero ¿usted qué cree? ¿Por qué la busca? ¿Quién es usted? ¡Responda!


María de Jesús Gómez Lazos.