domingo, 10 de marzo de 2013

Se busca

 
Por María de Jesús Gómez Lazos.

 
III
 
De una noche cae una lágrima que ahoga el mundo, vacío invasor de los latidos y las palabras. De dos noches caen dos lágrimas que ahogan dos mundos, vacío invasor de tus ojos y mi habla. De tres noches caen tres lágrimas que ahogan tres mundos, vacío invasor de intenciones y mudanzas.

Luchan los peces contra las redes, cada uno con sus propias agallas y para cantar el canario tuvo que escucharle a otro la tonada.

Erase una vez una golondrina que buscaba el nido. Voló por los prados, por los valles; llegó a una ciudad desierta, entró a las casas sin tocar las puertas, bebió agua, mucha agua y comió granos que antes jamás probara. Y al tomar el agua y al comer los granos, escuchó a otras aves que tomaban agua, que comían más granos. Así, día tras día, bebiendo y comiendo, oyendo y buscando se quedó muy sola, más de lo que estaba.

Mi niña querida, mi amorosa y tierna; cierra tus ojitos, no escuches el eco. La noche está cerca y viene atormentada. Métete a la cama, sube los piecitos iremos a España.

Dulce niña mía, sueña que te cuento, duerme y no preguntes más, mi alma; mañana se abrirá otro día, mañana por esta ventanita un corazón inquieto agitará las alas.

Y llegó una noche, y de ella una lágrima. Se ahogaron los peces sin salir del agua. Pero cuenta el viejo, ese que de viejo ya no tiene nada, que fue de un canario la voz libertaria. En la rama sola cantó su tonada, de su fiero pico nacieron las águilas y un latir extraño que casi zumbaba.
 
 

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