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| Pintura con máquina de escribir, sombrero y manzana Jesús Navarro |
Cuando
un escritor pide que le sean destruidos sus papeles tras la muerte, lo que
realmente está pidiendo (en la mayoría de los casos) es que le sean publicados,
pues si tuviera realmente esa convicción, uno mismo se encargaría de desempañar
tal labor, a la manera de Li Po o Paul Duckas.
Éste
era un escritor que había guardado la que consideraba su obra maestra hasta el
final de sus días, es decir, el triunfo póstumo. En el instante antes de caer
exangüe solicitó incinerar todos sus papales, creyendo que los otros
prescindirían sus deseos. Sus familiares, ajenos a las historias similares de
otros autores y al significado que se escondía detrás de las palabras, optaron
por realizar lo exigido. Y así, pues, el escritor quedó en el olvido.
Raúl
Reyes.

1 comentario:
Un cuento redondo y perfecto en toda su brevedad. Muy disfrutable, gracias por ello.
N.A.
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