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domingo, 3 de marzo de 2013

Doce



Por César Abraham Vega Guerra.

Aries
I
Encuentran más de seis kilómetros de tul y encaje en el lecho seco del Canal de la Compañía.
Locales • 23 Febrero 2012 - 5:03am — Adolfo Granados
Tras iniciar las primera labores de remoción del Canal de la Compañía, la CONAGUA encuentra en el lecho del río seis kilómetros de una extraña tela perfectamente conservada.

Ixtapaluca., México. Luego de que por sexta vez el canal de aguas negras La Compañía, se colapsara, el gobierno federal, a través de la CONAGUA, decidió deshabilitar este afluente; por lo que el día de ayer se dio inicio a las primeras obras de remoción de las paredes de contención de lo que fuera el Río de la Compañía.
En dichos trabajos, una cuadrilla de obreros encontró entre las tierras fangosas que correspondían al lecho del río, rastros de lo que parecía ser una tela muy fina y en perfecto estado de conservación, al disponerse a extraerla del foso en el que la encontraron, los trabajadores se percataron de que el trecho de tela sólo era un segmento de un tramo mucho mayor que se encontraba enterrado a todo lo largo del cauce del río del que tras ocho horas de labores se extrajeron más seis mil setecientos metros de un tejido muy particular compuesto por pedazos de tul, encaje y algunas incrustaciones de piedras de muy raro color
Un grupo de antropólogos coordinó la extracción de este hallazgo y aún no pueden explicar su existencia ni mucho menos el grado de conservación que presenta el tejido, particularmente por las condiciones del entorno donde fue hallado que, aseguraron, son altamente propicias para la descomposición y degradación de este tipo de materiales.
El ingeniero Quintín Páramo, experto textil, aseguró de manera extraoficial que por el tipo de tejido y el material de que parece estar hecha, la “prenda” debe tener una edad superior a los doscientos años, aunque confirmó que serán los peritajes de laboratorio los que confirmen o refuten este dato.
El munícipe del lugar, Adalberto Salgado, aseguró que durante muchos años en las inmediaciones existía una planta textil de gran capacidad que durante más de medio siglo trajo empleo y progreso al pueblo de Ayotla, la cual cerró hace algunos años por irse a la quiebra; el alcalde sostiene que la existencia de la textilera podría explicar el origen de la tela.

II
Yo. Sola, como el borrego de la montañas, sola como está lámpara nocturna que se me clava entre los ojos, sola como la única estrella que brilla en el distante cielo, en el cielo distinto al que mis ojos vieron cuando todavía de ellos rutilaba vida, como la vida rutilante que de las estrellas salía y que atravesaban de luz a todo el cielo.
Hoy aprendí a decir una palabra nueva: No mames. Así me dicen a menudo en estos lares, así me nombran por donde me abro paso, por donde mis cabellos mojados escurren rastros de que existo, aunque ni exista.
Sí existí, y aún existo, pero existir ya es bien distinto a lo de antes. Antes llenaba mi boca de maíz y atole, antes corría y se me herían las plantas de los pies descalzos, antes tuve una palabra que era mía, que me hacía ser yo cuando se pronunciaba. Teresa: esa era mi palabra. Ixuiuhtli: me decía mamá María, Nantli me decía Jacintito; pero Teresa era mi palabra porque sólo Jacinto la decía muy raro; muy bonito pero raro; como si no quisiera que se escapara la s de mi nombre, la detenía muy suavemente con la punta de su lengua, y la acariciaba, muy suave dejándola pasar muy lento, desinflarse, impregnarse con su saliva en un beso imperfecto: Teresssa, Teresssa me decía y yo me ponía a hacer conejos con las nubes, silencios con el ruido, luces con las penumbras, ternuras con mis temores, corazones con las pitahayas, y suspiros con mis amores.
Ni yo podía nombrarme como él lo hacía, con su voz de gachupín hermosa y franca. Con su voz de trémolo cabrío apaciguado. Sólo él me daba un mundo para mí, con ese nombre, y una Teresa mas mía de lo que soy brotaba de la palabra cuando Jacinto la pronunciaba.
Ahora soy “no mames”. Hoy aprendí que así me llaman por estos lugares grises donde ando.

III
Video cortesía de Juan Pedraza: