(Uno)
En
la cuerda floja de la noche me detengo.
 |
Lolita
Roy Keitel |
Las
manos se ven ridículas de estar a solas;
comenzaré
por hacer algunas confidencias,
acabando
por clavarle un catéter a la conmiseración,
sin
desgarrar la seda de los nervios.
Todo
sucede dos veces,
incluso
el insomnio continúa
alto
en el aire y bien abajo en el suelo.
Resignado
rompo amarras con mi realidad.
La
noche pasa lista y tú no estás presente.
Sin
embargo uno es el otro,
ante
lo cual no soporta la tentación de otra cita.
La
memoria es tiempo,
metamorfosis
que apenas da señales
y no
le importa salvar a un náufrago
que
se pierde en su paranoia,
que
trata de nadar su propio universo;
con
escaso vocabulario
sobra
lengua para decir
la
vida es un pleonasmo.
Ahora
que conozco el ritmo del cronos
rutas
paralelas nos acercan,
algo
así como el fecebook y el twitter;
de
forma y manera que estamos únicos en todo.
Armonía,
las tablas en el escenario,
donde
todo suele ser
sospechosamente
cinematográfico,
después
de todo sólo vivo a medias,
en
la metafísica de ser segundo.
Tú,
la equívoca promiscua que vives
apareciendo
y desapareciendo al que te llama.
Múltiple
de sí misma y a la vez una.
En
un grumo de sabor te alojas,
y
recojo del pasado
la
turbamulta que de veras ocurrió;
de
todo ese ánimo espacial caen señales,
señales
que develan este barro,
que
tampoco quiere olvido,
que
no conoce de tristezas,
aunque
estés disfrazada de tiempo y fugitiva.
Ya
te miro venir,
las
llamas charlan en la chimenea
-¿con regresar de quién habrá de unirse un
día?
Ya
te miro venir,
el
destino establece sus astucias
y
regresa todo lo aplazado, y me alegro.
Recapacito,
me pondré en mejor postura si ella se renueva;
y
detrás de este puente vas de uno a otro
magnífica
y terrible.
(Soportando lo que no importa)
Esa
añeja costumbre de estar solo
 |
Lolita
Manuela Torres García |
se
sube a espaldas de éste cansado cuerpo
que
se pinta de gris y sin relieve,
soportando
lo que no importa de la herida que acontece.
Ya
no quiero estar solo.
Se
me ocurre viajar a Nueva York,
enredarme
y conocer nuevos horizontes.
Si
ningún recuerdo expresa mis ideas,
no
quiero ver al otoño desprenderse,
ni
ver a la mascota que gime y gime echada en tu balcón.
Tu
mano ya no suda con mi mano,
tu
cabeza ya no roza con mis labios,
tus
tacones no los oigo taconear;
de
veras que no te siento, no te consigo encontrar,
vencedora,
renovada surgiendo a cada embate.
El
tiempo se ha detenido.
Ordenaré
mis pensamientos.
Las
calles adyacentes, la casa vista desde afuera
son
por mucho fotos de tristeza.
Definitivamente
es una lástima
que
no estés tú
si
estoy yo.
(Binomio)
En homenaje a Vladimir Nabocov
Miro
caer la tempestad
 |
The Vision of Humbert Humbert
Carlos Ramos |
que
parece traer alas,
mientras
la inerme multitud
intenta
en vano conjurar la catástrofe
mis
lágrimas se unen al torrente cauce.
Invaden
este lugar
de
drama perceptible
en
la ruta del naufragio.
La
copa
de
la mano se resbala
manchando
el poema
que
para ti había escrito .
Lolita,
tu
nombre pronunciado
en
letanía de alusiones.
Lo-li-ta,
conjuro
de tos mis días
oliendo
a sumisión.
Como
un marido débil
escucho
tu voz fría:
-nunca
te quise de otro soy-,
con
todo ese énfasis
el
sol sigue saliendo puntual
donde
retribuyen
desdenes
a mi alrededor.
Escándalo
soez,
amenaza
reincidente
a mi
yo deshabitado
le
pasará lo mismo.
Cuando
suceda lo que ha de suceder.
Rafael Salvador.
Del
libro La dualidad de Humbert Humbert
; Ediciones Yesca, 2013. Pueden adquirirlo escribiéndole al
autor al correo carreyro64@yahoo.com.mx