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| La boda Isabel Martínez Ferrero |
La boda que no fue
Éramos tres egresados de una escuela de cine que decidimos hacernos de dinero ofreciendo el servicio de video y fotografía para eventos sociales, llevábamos varios meses atrás desarrollando un plan de negocios con una empresa consultora para obtener una buena estrategia de ventas, dado lo complicado que hoy en día es conseguir alguien que apoye una propuesta audiovisual para llevar al cine, hay que desarrollar otros modelos de negocio para no quedarse en el desempleo, así que nuestra idea es realizar un largometraje con recursos propios aunque esto implique un esfuerzo mayor, mantenemos la esperanza de hacer una película importante como cualquier otro cineasta joven y no tan joven, pues bien, después de muchos intentos, logramos conseguir una subcontratación a través de un referido para cubrir una boda.
Fue un sábado cubierto de nubes, el viento era gélido en febrero, llegamos antes de la hora acordada, estacionamos el automóvil cercano al lugar, bajamos el equipo, tres cámaras digitales de alta definición como principales equipos, tomaríamos foto y video previo al registro civil y religioso, estábamos en la parte posterior de un complejo hotelero importante de la ciudad, aguardamos a nuestro contacto, él ya se encontraba dentro del sitio, el evento iniciaría en las habitaciones rentadas por la pareja, el acuerdo era tomar algunos detalles previos a la unión como lo era el arreglo del vestido de la novia, los nervios del novio, el material suficiente para darle cierto “toque” a la edición final, esperamos una hora más.
Mientras matábamos el tiempo, arribaron seis autos de la policía con sus sirenas encendidas, se detuvieron cerca de donde nosotros nos ubicábamos, en un principio pensamos que se trataba de la detención de algún ladrón, pero pronto el tono de la situación cambió y desde nuestro lugar empezamos a desvariar, temí a la decisión de captar imágenes con la cámara cual si fuera un reportero ante el temor inducido por la situación del país de que esto terminara en alguna balacera y pusiera en riesgo nuestras vidas y equipo también.
Había pasado mucho más del tiempo de espera necesario para acceder al lugar, después contemplamos a los oficiales custodiar un auto deportivo que en un costado traía un moño blanco en señal de celebración de una boda. Apuntaron las placas, en tanto un señor salía presuroso del pasillo principal del hotel hacia donde ellos se encontraban, comenzaron nuestras sospechas acerca de si el dueño del auto era familiar de los del evento, los oficiales lo detuvieron y se lo llevaron consignado. Minutos más tarde saldría al fin nuestro contacto para decirnos que la boda se había cancelado, a quien se habían llevado era al novio. Así fue como comenzó nuestra carrera cubriendo eventos sociales.
Frank CasPe.

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