domingo, 5 de febrero de 2012

Crisol florido

El jardín de tus manos
Alejandro García Chaple

Comenzar a ser
Es curioso, para comenzar a escribir este ensayo, he tomado como punto de partida la visita a otros blogs. Me llama muchísimo la atención la forma desmesurada con que los escritores comenzamos nuestros textos: con frases ardorosas que demuestran lo “sesudos” que somos, con extrañas confidencias que a pocos parecen importarles, con enunciados apocalípticos que anuncian el fin de eras o condenan actitudes sociales determinadas y un interminable etcétera. El escritor, así es, se esfuerza porque su teclado le traiga la atención del lector en el mar de información que hoy se ha convertido en el peor de los silencios porque, seamos sinceros, ¿qué futuro le depara a nuestro texto la Internet? Sí, es verdad, ganamos la libertad, la posibilidad de comunicarnos, de expresarnos con el auge de las tecnologías de información que vivimos, pero pocas veces la “competencia” había sido tanta y tan cruel. Y si a eso le sumamos que para escribir es necesario mucho más que valentía, la cosa se pone grave. Aún así, la comunicación no pierde, la necesidad de expresión no se acaba.
       Tender puentes… eso es lo que necesitamos, es cierto. A medida que nos comunicamos tendemos un puente hacia el otro, uno que nos permite mostrarle lo que aprendimos, compartir con él nuestra sorpresa, obtener algo que necesitamos o incluso y, lo que es quizá lo más trascendental: compartir nuestra emoción, sea ésta dolorosa o llena de júbilo. ¿Y por qué comunicarnos, por qué tender puentes? Quizá para no seguir en la isla escuchando nuestra propia voz incesantemente, una voz que, a falta de movimiento y contacto, comienza a hacerse repetitiva y odiosa, demasiado demandante y demasiado escandalosa. Quizá necesitamos comunicarnos para volver a ser lo que siempre fuimos: uno mismo. “Todos fueron creados en un solo momento, al mismo tiempo, y Él hizo que este mundo se correspondiera con el mundo de arriba. Cualquier cosa que exista arriba tiene su contraparte abajo, y cualquier cosa que exista abajo tiene su contraparte en el mar, y todo es uno”. [Zohar, II, 20a]
       Hoy las fronteras se expanden. Nuestros ojos, habituados a sus límites, deben redoblar esfuerzos para ver las nuevas imágenes que el universo nos crea, nuestra conciencia pocas veces alcanza para dilucidar la realidad que hoy la abarca. Vivimos una nueva revolución, una revolución que nace en la palabra, en el signo que la crea, en la capacidad humana para unirse, para conectarse y compartir. La revolución no ha comenzado en las calles, pero está ahí; no ha comenzado en la cúpula de alguna agrupación social específica aunque también la toca. La revolución no enarbola una bandera y un color para distinguirse, los tiene todos; la revolución no pugna por una clara ideología que exija la adhesión de todos sus miembros, las alcanza a todas y crea nuevas formas de compromiso. Se trata de la revolución del pensamiento a través de la comunicación, una de las más grandes revoluciones que la humanidad ha experimentado. Los humanos podemos hoy darnos la mano, tender puentes y hacernos uno; hoy la comunicación, la palabra, el verbo, son la vía para lograrlo.
       ¿Podremos abatir el silencio, dejarlo atrás y comenzar a unirnos, a ser?
Carolina Estrada Gutiérrez.

Crisol florido es un espacio abierto para aquellos que tengan algo que aportar en este sitio del universo de la red. Sugerencias y colaboraciones (ensayo o cuento de 400 a 600 palabras o poesía de máximo 60 versos) a nidyaareli@gmail.com

1 comentario:

Unknown dijo...

Cuanta razón tiene tus palabras, la pulsión de comunicarnos siempre está presente. Pero no queremos oír, no lo queremos. Queremos ser escuchados, que nos oigan, que nos lean, estar en el templete siempre presentes. Pero no la resignación humilde del lector que se conforma con oír la voz de los otros.
Un saludo fraterno.