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miércoles, 13 de febrero de 2013

Crónicas de mi tío Rubén López Cárcamo

El terruño [Parte 2 de 3]
 
-Como Cronos es intrépido en su correr...
-¿Qué es Cronos, abuelito?
Carnaval Chamula
Saúl Kak
-El tiempo, hijita, el tiempo, así lo nombraban los griegos, pero déjame continuar. -Después de comer los mequés se alegraban con la marimba que tocaban los cuartetos como el de un tal Ovando “El Fax”, el  de José Ruíz “El conejo”, dos ejecutantes de marimba de apellido Solís, el cuarteto de “Los solisones” de mayor edad y los menores, el de “Los solicitos” y otro el del “Chalupón”, pero el más famoso era el de los Gómez; fíjate que el papá de este cuarteto compuso el vals “Tuxtla”.
-¿Y el transporte, abuelito? ¿Andaban en burro?
-Fíjate que las personas que llegaron a principios del siglo XX se transportaban en carretas que se jalaban por un par de bueyes y otras personas venían a caballo. Pocas calles eran empedradas para que pudieran correr los escasos carros que iban llegando. Para hacerlos andar se les metía en un orificio del motor una varilla de fierro llamada “cran” (crank) y se les daba vueltas y vueltas con éste hasta que arrancaba el motor. En español se dice “manivela de arranque” pero la gente usaba la palabra en inglés por ser más fácil decir “cran” que “manivela de arranque” aunque fuera mal pronunciada en inglés. Después llegaron más autos y hasta hubo transporte urbano; eran unos autobuses grandotes llamados “veinteros” porque el pasaje valía veinte centavos. ¡De aquellos veinte centavos! Por los años cincuenta se inició la Carrera Panamericana que atraviesa toda la república y salía de Ciudad Cuauhtémoc, Chiapas y terminaba en Ciudad Juárez, Chihuahua. Venían corredores internacionales como, Piero Tarufi, un corredor italiano y una mujer norteamericana, Jacqueline Evans. En los niños se quedó la costumbre de usar el apellido de este corredor italiano como sinónimo de “gran corredor de autos”; cuando alguien manejaba muy rápido le decían: “Pareces Tarufi”.
-¿Y los niños veían televisión?
-No había televisión en esos tiempos, apenas una estación de radio, el servicio de la luz eléctrica era de las seis de la tarde a las once de la noche y no todas las casas gozaban de ese servicio, el resto de la gente se alumbraba con candiles de petróleo y velas de cera, y en muchas fiestas se iluminaban con lámparas de gasolina.
-¿Y cómo eran las casitas de “los conejos”? Digo, de los tuxtlecos, je,je,je.
-Las casitas de la orilla del pueblo eran de bajareque; hechas de horcones, techo de tejas, y sus paredes de caña de maíz repelladas con una mezcla de lodo y paja; las del centro eran de adobes, y algunas de ladrillo. Igual a la casa de mi bisabuela Albina Chandomí.
-¿Era zoque?
-Sí, y muy trabajadora. La gente se dormía muy temprano porque en la madrugada se cocía el maíz para llevar el nixtamal al molino, se salía de ahí para ir a hacer las tortillas bien tempranito. Entre la neblina del amanecer se veía el humo de los fogones que surgía por los tejados y era indicación de que estaban “echando tortillas”. Tal vez por eso, las tortillas de maíz tenían un sabor inigualable de puro maíz, no las de ahora que saben a tortillería y son de maíz transgénico.
-Abuelito, en mi escuela un compañerito llega a clase todo tiznado de humo porque dice que en su casa hacen tortillas sobre un comal enorme en un fogón bien grande que echa mucho humo, y fíjate, los chamacos le dicen “El ahumado”, ¿también tenían apodos en ese tiempo?
-Claro que sí y muchos. Los apodos eran parte imprescindible del habla popular para designar personas. Aunque no se sabía uno los nombres pero sí los apodos. Había apodos para toda la familia como “Los Quishtis”, “Los Sherá”,  y los personales como “El garrobo”, “El manteca”, “El gallo”, “La sardina”, “El diablo”, “El sapo”, “El chorizo”, etcétera.
-¡Qué graciosos! Y la gente, ¿qué hacía? ¡Aham!
-Pues, resulta que en muchas casas había pozos de agua dulce y la gente que no los tenían acarreaban el agua en galones y valía el viaje un centavo, así que por las calles se veían a las muchachas y los muchachos descalzos cargando sus botes con agua.
-Esa moneda de un centavo no la conozco. ¡Aham!
-Es que ya no está en circulación. Bueno, te decía que había mucha gente descalza; por lo cual al pisar el suelo de tierra la nigua: un insecto parecido a la pulga pero con trompa larga, depositaba sus huevecillos en las uñas de los pies y así se desarrollaban en una bolsita que causaba mucha comezón, entonces, con una aguja se extraía esa bolsita y a la pequeña herida se le rociaba petróleo como medicamento. Me parece que ya te está entrando el sueño, estás bostezando mucho.
-No, abuelito, sigue, sigue. ¿Y el parque central, cómo era? ¡Aham!
 
Zuzana Chandomí.