El terruño [Parte 2 de 3]
-Como Cronos es intrépido en su correr...
-¿Qué es Cronos, abuelito?
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| Carnaval Chamula Saúl Kak |
-El tiempo, hijita, el tiempo, así lo nombraban los griegos, pero déjame
continuar. -Después de comer los mequés se alegraban con la marimba que tocaban
los cuartetos como el de un tal Ovando “El Fax”, el de José Ruíz “El
conejo”, dos ejecutantes de marimba de apellido Solís, el cuarteto de “Los
solisones” de mayor edad y los menores, el de “Los solicitos” y otro el del
“Chalupón”, pero el más famoso era el de los Gómez; fíjate que el papá de este
cuarteto compuso el vals “Tuxtla”.
-¿Y el transporte, abuelito? ¿Andaban en burro?
-Fíjate que las personas que llegaron a principios del siglo XX se
transportaban en carretas que se jalaban por un par de bueyes y otras personas
venían a caballo. Pocas calles eran empedradas para que pudieran correr los
escasos carros que iban llegando. Para hacerlos andar se les metía en un
orificio del motor una varilla de fierro llamada “cran” (crank) y se les daba
vueltas y vueltas con éste hasta que arrancaba el motor. En español se dice
“manivela de arranque” pero la gente usaba la palabra en inglés por ser más
fácil decir “cran” que “manivela de arranque” aunque fuera mal pronunciada en
inglés. Después llegaron más autos y hasta hubo transporte urbano; eran unos
autobuses grandotes llamados “veinteros” porque el pasaje valía veinte
centavos. ¡De aquellos veinte centavos! Por los años cincuenta se inició la
Carrera Panamericana que atraviesa toda la república y salía de Ciudad
Cuauhtémoc, Chiapas y terminaba en Ciudad Juárez, Chihuahua. Venían corredores
internacionales como, Piero Tarufi, un corredor italiano y una mujer
norteamericana, Jacqueline Evans. En los niños se quedó la costumbre de usar el
apellido de este corredor italiano como sinónimo de “gran corredor de autos”;
cuando alguien manejaba muy rápido le decían: “Pareces Tarufi”.
-¿Y los niños veían televisión?
-No había televisión en esos tiempos, apenas una estación de radio, el
servicio de la luz eléctrica era de las seis de la tarde a las once de la noche
y no todas las casas gozaban de ese servicio, el resto de la gente se alumbraba
con candiles de petróleo y velas de cera, y en muchas fiestas se iluminaban con
lámparas de gasolina.
-¿Y cómo eran las casitas de “los conejos”? Digo, de los tuxtlecos,
je,je,je.
-Las casitas de la orilla del pueblo
eran de bajareque; hechas de horcones, techo de tejas, y sus paredes de caña de
maíz repelladas con una mezcla de lodo y paja; las del centro eran de adobes, y
algunas de ladrillo. Igual a la casa de mi bisabuela Albina Chandomí.
-¿Era zoque?
-Sí, y muy trabajadora. La gente se dormía muy temprano porque en la
madrugada se cocía el maíz para llevar el nixtamal al molino, se salía de ahí
para ir a hacer las tortillas bien tempranito. Entre la neblina del amanecer se
veía el humo de los fogones que surgía por los tejados y era indicación de que
estaban “echando tortillas”. Tal vez por eso, las tortillas de maíz tenían un
sabor inigualable de puro maíz, no las de ahora que saben a tortillería y son
de maíz transgénico.
-Abuelito, en mi escuela un compañerito llega a clase todo tiznado de
humo porque dice que en su casa hacen tortillas sobre un comal enorme en un
fogón bien grande que echa mucho humo, y fíjate, los chamacos le dicen “El
ahumado”, ¿también tenían apodos en ese tiempo?
-Claro que sí y muchos. Los apodos eran parte imprescindible del habla
popular para designar personas. Aunque no se sabía uno los nombres pero sí los
apodos. Había apodos para toda la familia como “Los Quishtis”, “Los Sherá”,
y los personales como “El garrobo”, “El manteca”, “El gallo”, “La
sardina”, “El diablo”, “El sapo”, “El chorizo”, etcétera.
-¡Qué graciosos! Y la gente, ¿qué hacía? ¡Aham!
-Pues, resulta que en muchas casas había pozos de agua dulce y la gente
que no los tenían acarreaban el agua en galones y valía el viaje un centavo,
así que por las calles se veían a las muchachas y los muchachos descalzos
cargando sus botes con agua.
-Esa moneda de un centavo no la conozco. ¡Aham!
-Es que ya no está en circulación. Bueno, te decía que había mucha gente
descalza; por lo cual al pisar el suelo de tierra la nigua: un insecto parecido
a la pulga pero con trompa larga, depositaba sus huevecillos en las uñas de los
pies y así se desarrollaban en una bolsita que causaba mucha comezón, entonces,
con una aguja se extraía esa bolsita y a la pequeña herida se le rociaba
petróleo como medicamento. Me parece que ya te está entrando el sueño, estás
bostezando mucho.
-No, abuelito, sigue, sigue. ¿Y el parque central, cómo era? ¡Aham!
Zuzana Chandomí.
