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domingo, 16 de octubre de 2011

Crisol florido


Biscie d'aqua
Gustav Klimt

Sábado en la tarde, solo, la tarea escolar me espera en mi escritorio, amenazante recordatorio de un deber aún no hecho. En tanto, afuera, en lo alto, el manto celeste se ha encobijado de lana gris y me regala con refrescantes y líquidos diamantes que se estrellan en el cristal de mi ventana y que van tomando un ritmo de bossa que recuerda Bahía y El Corcovado. Mis sueños despiertos se encaraman por las notas de la guitarra de Jobim que se derraman por los bordes del cristal en una cascada de música líquida y refrescante. Las notas del bossa nova hacen que mis pies dancen acompañados por personajes insólitos y brillantes que se van formando de los destellos de colores que lanzan las gotas al romperse contra el cristal. Incluso las montañas de nubes han comenzado a teñirse de colores, ríos de colores que fluyen en vertientes psicodélicos: rosas fulgurantes, azules rutilantes, rojos insólitos, amarillos asombrosos.
       Todo se transforma, el cielo confabula para construir poesía. Poesía colorida y fluida que llega a mí en forma de música que destila miel y sensualidad: es la voz de Astrud Gilberto que me envuelve, penetra a mi interior y me hace brillar. Meditación y sus sonoros bajos despiertan mi ánimo dormido por la Didáctica del español y hacen que mis pensamientos deriven a un mar verde esmeralda distante y prístino, como recién creado, sin mácula aún, como en el primer día del mundo.
       De algún lado del cosmos se desprende y viene directo a mí una boca femenina, de labios bermejos, carnosos, húmedos, brillantes. Los labios se mueven y dicen palabras que aún no oigo pero que entiendo perfectamente, mis sorprendidos ojos danzan con lentitud al compás de la corriente de armonías que se desparraman de esa boca grande y sensual. Poco a poco sus trinos se hacen más claros y fuertes: es la sensual boca de Gal Costa cantando Dindí.
                                             Ai, Dindí
                                                            Se soubesses o bem que eu te quero
                                                            O mundo seria, Dindí, tudo, Dindí, lindo, Dindí
                                                            Ai, Dindí
                                                            Se um dia você for embora me leva contigo, Dindí
                                                            Olha, Dindí, fica, Dindí...
Berto Naviera.

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