domingo, 19 de mayo de 2013

Dos hermanos

Por Nidya Areli Díaz.
 
Bradbury  salió con Pola tomándola por el brazo, le sostenía firmemente el húmero al grado de lastimarla, Pola con todo y el dolor no se atrevía a protestar, se dejaba llevar como una oveja al matadero. Bradbury rabiaba, poco le faltó para sacar espuma por la boca, subió a Pola con brusquedad al auto y manejo a más de 150 km/hr Pola que habría de ser destazada al llegar a casa, sollozaba de vez en cuando, la idea de ser mesera de cantina le hubo de pasar alguna vez por la mente, pero de eso a desnudarse y bailar para los borrachos había una diferencia que le asaltaría solo dos meses antes. Pola sabía que Bradbury le contaría todo a su padre, pensaba fervientemente en la virgen, en San Judas, en Jesucristo, pero ninguno la auxilió en el trayecto a casa. Bradbury preguntó al fin con un dejo de ironía --¿Te cogen los borrachos o nada más les bailas?--, Pola se sintió humillada en lo más hondo de su ser, apretó los puños y se le escapó un alarido, Bradbury añadió --Si no me contestas te va ir peor-, fue entonces cuando Pola respondió con una voz sorda y apenas perceptible --Nada más bailo, nunca me he acostado con ninguno--, Bradbury loco de rabia se había detenido en un motel, Pola lo miro incrédula, en realidad se preguntaba por qué su hermano se estacionaba en ese lugar, Pola no tenía idea, solo se le ocurrió que entrando, Bradbury la molería a golpes o algo por el estilo, no temía tanto que le batieran la cara como que su padre se enterara. Bradbury entro a la administración, Pola no sabía si salirse corriendo del auto y simplemente desaparecer o esperar a ser asesinada por su propio hermano. Pola y Bradbury siempre habían tenido una relación hostil, la madre de Brad había muerto siendo él un niño de cuatro años, su padre se había vuelto a casar con una mujer joven que engendró a Pola, la mujer había muerto trece años más tarde, el viudo sin más ánimos para el amor se había recluido en su empleo de supervisor de una fábrica y desde entonces Bradbury y Pola quedaron abandonados a la deriva, él que ya contaba 26 años al fin halló un empleo que le satisfizo económicamente, Pola que seguía estudiando había agarrado la costumbre de desaparecer los fines de semana y llegar a casa hasta bien entrada la madrugada, Bradbury se la fue a encontrar en un antro de mala muerte semiencuerada bailando cadenciosamente mientras le depositaban billetes en el hilo dental, él solo había atinado a ponerle su chamarra encima y sacarla del lugar. Ahora Pola esperaba entre arrepentida y temerosa, desgreñada, con la cara lavada por el llanto, en el asiento del auto. Bradbury vino otra vez y la hizo salir, la condujo a una habitación y le ordenó que se bañara, cuando Pola salió de la ducha y se percató de que Bradbury había desaparecido dejándola encerrada, se sentó en la cama a llorar, lloró amargamente hasta quedarse dormida enredada en las sábanas sucias, Bradbury vino a despertarla un rato después y le dio un pantalón y una sudadera. Pola se vistió con la cara enrojecida de vergüenza, sintió entonces la presencia masculina de su hermano, aspiró el perfume atrayente de hombre que muchas veces había ignorado, Bradbury se acercó lentamente y la abrazó, Pola pensó entonces que esa noche pecaría más de lo usual, pidió perdón a la virgen de antemano y cerro los ojos, Bradbury le dijo entonces que no le diría nada a su padre, le dio un beso en la mejilla y la condujo despacio a la salida. Marcharon a casa en silencio.
 

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