Mujer con sombrilla
Claude Monet
Su rostro era de roca fría, minúsculas líneas en las comisuras de los labios delataban las venas internas donde se resquebraja el mineral por la acumulación silenciosa de los años; en contraste, un afilado punto de luz rajaba el labio inferior de donde manaba un torrente de tono carmesí desgastado que coloreaba el resto de la boca, era éste el último resquicio en el cual se percibía la vida, los ojos hermosos y claros estaban opacos y como absortos en la contemplación de un distante infinito, quizá aguardara la llegada de un impuntual amante, lo cierto es que las palomas hambrientas que picoteaban a sus pies no le causaron el más mínimo asomo de ternura o fastidio.
Perseverante a la espera de algún signo oscuro que me revelara su secreto permanecí al acecho en vano toda la tarde y parte de la noche, como un lobo con su presa, hasta que una lánguida lluvia comenzó a filtrarse entre las ramas de los abetos del parque, fue entonces cuando guardé aprisa el pequeño boceto que llevaba hecho y, antes de salir huyendo de la que ahora era tormenta, lancé una última mirada para comprobar que ella seguía en su lugar imperturbable.
Jorge Iván Dompablo.

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