domingo, 31 de marzo de 2013

Doce

Por César Abraham Vega Guerra.

Tauro 

Entonces empezó a llover y ahí es cuando la cosa de verdad se puso de la chingada, de por sí la noche estaba bien cerrada y los pinches faros de la troca casi no alumbraban nada; cuando los relámpagos estallaban en el cielo su luz también surcaba y electrocutaba toda el agua de las lagunas, el cielo se caía cabrón, se caía en serio, a los pocos minutos el agua anegó el camino y ya no se veía ni madres, no podía bajarle porque si lo hacía el agua seguiría creciendo y ahí me iba a cargar la chingada, era cuestión de minutos para que el agua siguiera subiendo y cubriera por completo la camioneta, además no podía, tenía que llegar en chinga. Ya no se divisaba la calzada, las lagunas se habían unido de nuevo, ya era una sola, gigantesca, voraz, explosiva cuando refractaba la luz de los rayos, al fondo los volcanes se miraban tan tenebrosos coronados por dos remolinos de nubes que pareciera, querían tragarse sus cumbres de un chingadazo. ¡Qué chingón se miraba, maestro! Era una cosa que daría gusto ver siempre y cuando no estuviera uno a la mitad de la tormenta a punto de que el agua lo arrastrara al fondo de esas lagunas de la chingada. Seguí acelerando y la troquita se sesgaba por la potencia del agua, de no ser por los tules que bordeaban la calzada, jamás hubiera sabido por dónde manejar, me hubiera metido a la mera laguna sin darme cuenta. La sentí de cerca, muy encabronada, pa’ mí que ella ya sospechaba que iba a verla, y no me quería dejar llegar. No se miraba ni madres, cuando pase la planta del toro pasando Valle, un relámpago hizo día la noche por tres segundos enteros, y miré el paisaje de muerte vacuna flotar por la laguna, docenas de vacas ahogadas meneadas de un sitio para otro por las aguas emputadas; cuando volví la mirada al frente el cadáver de una vaca negra me impacto por la izquierda y ya no supe nada compadre, hasta que amanecí en este pútrido hospital.
La voy a encontrar Martín, estoy bien cercas, la voy a encontrar, me cae de huevos que esta vez si la apaño… no puede darme al traste… lo sabe… y sabe que me acabo de dar tinta de eso… esta vez sí apaño a la chokani, Martín. La voy a apañar aunque me truene otros doce huesos.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Los desaparecidos

A la Señora Rosario Ibarra de Piedra
 

¿En dónde están los desaparecidos?
Canto a los desaparecidos
Juan Carlos Ñañake
¿Adónde los llevaron?
Tan sólo sé...
que ya no me contestan cuando grito sus nombres,
tan sólo sé...
que no sienten mis labios cuando beso sus rostros,
que ya no compartimos
ni el pan ni los amaneceres.
Sólo siento mi aliento quemando su memoria. 

Recuerdo que un día lejano
y tan cercano
salieron de su casa y se fueron de la vida;
se me esfumaron de las manos,
¡Me los arrebataron,
los secuestraron,
los enjaularon como perros,
los acribillaron,
los patearon,
los azotaron,
los vejaron,
los mutilaron,
los hicieron pedazos,
los partieron en células,
les mordieron la sangre y el aliento! 

¿Qué dedo ejecutor dio la orden homicida?
¿De qué pútrido vientre
brotaron las bestias carniceras?
¿Quién pudo haber parido
a estos engendros de la escoria?
La ambición, la droga y el alcohol
son el valor de los cobardes,
¡De aquellos que se escurren de miedo
ante la vida!
¿Merecen respirar el aire
que robaron a los despedazados?
¿Y merecen acaso, compartir el planeta
con los que se han quedado empapados
de dolor y de ausencia?
         ¡Hasta cuándo estaremos
paralizados por el miedo!
¡Hasta cuándo tomaremos en nuestros puños
la razón de la justicia!
cada día aumentan las listas de los muertos,
¡Nuestros muertos! (Tal vez nosotros mismos)
¡Hasta cuándo seguiremos
esperando la justicia de Dios!,
del Dios martirizado que fue sacrificado
como los desaparecidos.
¡Hasta cuándo decidiremos abortarlos!
¡Cuándo los caparemos!
¡Cuándo les arrancaremos el vientre
para que no se reproduzcan!
¡Cuándo escupiremos sus almas!
¡Cuándo enterraremos hasta el infierno
sus huesos y sus apelativos!
¡Hasta cuándo!
¡Hasta cuándo! 

                              José Daniel Rodríguez Mendoza
                              Ciudad de México, enero del 2001

domingo, 24 de marzo de 2013

Novela 3

Por Nidya Areli Díaz.
3. Una gran explosión
 
Una gran explosión ocurrió en el hexaedro de contención, tras ella el interior había quedado destrozado en su totalidad. Una mezcla de chatarra informe con líquidos de fusión y litio hubieron de dificultar el rescate del cerebro de C’ell; por otro lado, los funerales de Rouse Troski habían pasado sin pena ni gloria. El doctor C’ell, que amaba  a la que fuera su mujer durante trece años, en la inconciencia de su cerebro convaleciente no se dio por enterado. Ambos trabajaban en las investigaciones cuando ocurrió el desastre. Aunque también se hubiera podido recuperar el cerebro de Rouse, el costo de la operación, más o menos comparado con el de mandar un hombre de viaje a la Alfa Centauri, descalificó a la doctora como candidata a recibir el tratamiento. El doctor C’ell, en cambio, de mayor mérito, había sido seleccionado. Todo ocurrió gracias a un descuido del técnico encargado de verificar las estructuras de micro-simulación, una de ellas con un híper-capacitor mal calibrado había generado un cortocircuito en plena fusión, el hexaedro de contención, que afortunadamente no generó mayores estragos que los internos, evitó que la explosión sobrepasara sus propios límites. La investigación que consistía en mejorar la rentabilidad atómica, básica para la corporación en aquél momento, quedó parada tras el acontecimiento. La única esperanza de continuar con ella era la reincorporación de C’ell al trabajo en el menor tiempo posible y que la pérdida de la doctora Rouse no le resultara contradictoria en su tardada y penosa recuperación.

Cuando el doctor C’ell abrió los ojos en el Hexaedro de Operaciones Especiales se encontró con la sonrisa amistosa de Angelo Bikeko; aturdido quiso incorporarse, pero todo intento de movilidad le resultaba desastroso; era su cerebro que no reconocía su nuevo cuerpo. Bikeko lo tranquilizó, ―en dos o tres meses andarás como si nada, ya vas a ver―. En efecto, a la operación de recuperación y traslado cerebral  aún faltaba la terapia psicológica y el entrenamiento psicomotor. C’ell aún no comprendía ni lo que le había ocurrido ni exactamente en lo que se hallaba convertido, intentó pronunciar palabra pero tampoco pudo, le sobrevino entonces la desesperación de la impotencia y la duda maligna de si aquel terrible estado era de por vida; Bikeko, que lo leyó en sus ojos grises, los mismos de antes, tecleó una orden a la computadora. Los ojos de C’ell comenzaron a serenarse, recorrieron lentamente el hexaedro con sus paredes de espejo y su piso marmóreo en perfecta simetría con el techo exagonal también blanco. Alcanzó a vislumbrar, como entre sueños, los aparatos, que no reconoció, de pos-transferencia cerebral y el contenedor muy parecido a una gran pecera con el líquido humectante de purpúrea opalescencia. En la confusión del reconocimiento terminó de cerrar lentamente los ojos sin comprender aún. C’ell reanudó su largo sueño. Aquél duró tres meses.   

miércoles, 20 de marzo de 2013

Para un tiempo venidero


Hacia un nuevo amanecer
Beatriz Aurora
Ya la luz de luna intensa
de un invierno en el solsticio
nos anuncia, cual auspicio
¡nuevo ciclo ya comienza!
Y yo tengo la pretensa
circunstancia que, yo espero
ilumine aquel sendero
en que, con alterandancias
remontemos las distancias
para un tiempo venidero.
 

Para un tiempo venidero
removamos las inercias
resolvamos diferencias
con un diálogo sincero.
Para un tiempo venidero
propiciemos el encuentro
plenamente y desde dentro
combatir la indiferencia
y que sea nuestra presencia
un remedio al desencuentro.
 

Para un tiempo al que yo canto
crecerán nuevos maizales
cantaremos madrigales
con esencia de amaranto.
Previamente y, mientras tanto
ha de surgir la rebeldía
sin que quede en utopía
o en un sueño trasnochado
con talante inconformado
proponer ... que hay otra vía.
 

Proponer que hay otra vía
para hacer posible el mundo
por supuesto, lo secundo
y lo reitero día con día.
Cual si fuera antología
de un presunto decimero
yo lo digo, cual trovero
resumiendo situaciones
las que dejo en reflexiones
para un tiempo venidero. 
 

Alejandro Escudero.
21 de diciembre de 2010.

domingo, 17 de marzo de 2013

Impresiones

Por Jorge Iván Dompablo.

Elevación

En un principio no había luz, todo era silencio, los ojos un par de esferas que orbitaban en vano, ciclos que se repiten. Luego el criick, lamento de los desposeídos, aleteo. Alto, cada vez más alto, ombligo del cielo desgarrado, no un rayo, apenas luz sin emisor, una gota de leche en la taza de café. Fría niebla danza con suavidad, a uno y otro lado se descubre el vacío, menos la ramita que te sostiene. Un algo que necesitas que no viene de la conciencia, sólo un presentimiento. Te extiendes y saltas pero no caes.
         Polvo y piedras que vienen, llegan y se van. Más alto, distancia barrida en la búsqueda, sólo polvo ahora. No, también luz y aire, toda una inmensidad para ti,  hasta donde alcancen tus fuerzas, el espacio es tuyo, el sol, el aire, el aire…
         Polvo y más polvo y… entonces viste la señal en el horizonte, pero algo abajo te distrajo, un bulto, cosa rara arrojada. El sol se aleja y algunos granos de polvo crecen transformándose en piedras. Te encojes, latir acelerado. Sube y baja con suavidad y se convulsiona, pequeña niebla blanca, giro sorpresivo que te aleja de la tierra.
         El punto crece en cuatro direcciones, más hacia arriba y hacia abajo. Verde sonido que repica. Seres que entran, mientras otros permanecen afuera, pan para el hambriento, sólo las migajas por las que otros como tú pelean, por fin una es tuya, una más y luego la gloria, blanca paloma de pan frente a tus ojos, hipnotizado vas al matadero, codicia… Golpe seco desde la nada. No la nada, sino el anonimato, aliento húmedo de las fauces, libertad y agonía alternadas, latir enloquecido. Imposible la elevación ya sin tu fuerza, saltitos hacia la sombra, momento final que no llega.
         Shhhhhh, piel que te ampara sin tú saberlo, pasos en travesía, exploración. No la libertad sino el encierro compartido, ojos que te miran, se alejan, vuelven. Tiempo inexistente, medida del vacío. Calma, renacimiento. Piel que te busca y la rechazas, elevación, golpe seco contra el cristal y caída, piel que te ampara sin tú saberlo. Pasas nuevamente de la sombra a la luz, libertad y elevación.
Polvo y piedras que vienen, llegan y se van. Más alto, distancia barrida en la búsqueda, sólo polvo ahora. Aún luz y aire, toda una inmensidad para ti,  hasta donde alcancen tus fuerzas, el espacio es tuyo, el sol, el aire, el aire…
De nuevo el bulto ya sin movimiento, extraño milagro. No lo sabes pero presientes que pronto vendrán los gusanos. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

El escritor


Pintura con máquina de escribir, sombrero y manzana
Jesús Navarro
Cuando un escritor pide que le sean destruidos sus papeles tras la muerte, lo que realmente está pidiendo (en la mayoría de los casos) es que le sean publicados, pues si tuviera realmente esa convicción, uno mismo se encargaría de desempañar tal labor, a la manera de Li Po o Paul Duckas.
          Éste era un escritor que había guardado la que consideraba su obra maestra hasta el final de sus días, es decir, el triunfo póstumo. En el instante antes de caer exangüe solicitó incinerar todos sus papales, creyendo que los otros prescindirían sus deseos. Sus familiares, ajenos a las historias similares de otros autores y al significado que se escondía detrás de las palabras, optaron por realizar lo exigido. Y así, pues, el escritor quedó en el olvido. 
Raúl Reyes.

domingo, 10 de marzo de 2013

Se busca

 
Por María de Jesús Gómez Lazos.

 
III
 
De una noche cae una lágrima que ahoga el mundo, vacío invasor de los latidos y las palabras. De dos noches caen dos lágrimas que ahogan dos mundos, vacío invasor de tus ojos y mi habla. De tres noches caen tres lágrimas que ahogan tres mundos, vacío invasor de intenciones y mudanzas.

Luchan los peces contra las redes, cada uno con sus propias agallas y para cantar el canario tuvo que escucharle a otro la tonada.

Erase una vez una golondrina que buscaba el nido. Voló por los prados, por los valles; llegó a una ciudad desierta, entró a las casas sin tocar las puertas, bebió agua, mucha agua y comió granos que antes jamás probara. Y al tomar el agua y al comer los granos, escuchó a otras aves que tomaban agua, que comían más granos. Así, día tras día, bebiendo y comiendo, oyendo y buscando se quedó muy sola, más de lo que estaba.

Mi niña querida, mi amorosa y tierna; cierra tus ojitos, no escuches el eco. La noche está cerca y viene atormentada. Métete a la cama, sube los piecitos iremos a España.

Dulce niña mía, sueña que te cuento, duerme y no preguntes más, mi alma; mañana se abrirá otro día, mañana por esta ventanita un corazón inquieto agitará las alas.

Y llegó una noche, y de ella una lágrima. Se ahogaron los peces sin salir del agua. Pero cuenta el viejo, ese que de viejo ya no tiene nada, que fue de un canario la voz libertaria. En la rama sola cantó su tonada, de su fiero pico nacieron las águilas y un latir extraño que casi zumbaba.
 
 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Al cerrar los ojos

Colección ETs.
Oscar Basurto Carbonell.

Al final del día la noche silenciosa cubre el horizonte,
como un cazador al acecho deja un murmullo en mi silencio.
Ese murmullo lucha para no perderse,
para no caer en la ingravidez del tiempo.  

Se levanta de entre las cenizas y los lacerantes escombros
de una vida pasajera, llana.
Deja a su paso una estela de luz borrosa, temblorosa e incierta.  

Me cuelgo de tal susurro,
viajo con él hasta convertirme en la implacable voz,
en la luz,
en el director de mi destino.  

Cierro los ojos y al despertar:
veo el universo que debo cosechar.  

Victor Hugo Pedraza.

domingo, 3 de marzo de 2013

Doce



Por César Abraham Vega Guerra.

Aries
I
Encuentran más de seis kilómetros de tul y encaje en el lecho seco del Canal de la Compañía.
Locales • 23 Febrero 2012 - 5:03am — Adolfo Granados
Tras iniciar las primera labores de remoción del Canal de la Compañía, la CONAGUA encuentra en el lecho del río seis kilómetros de una extraña tela perfectamente conservada.

Ixtapaluca., México. Luego de que por sexta vez el canal de aguas negras La Compañía, se colapsara, el gobierno federal, a través de la CONAGUA, decidió deshabilitar este afluente; por lo que el día de ayer se dio inicio a las primeras obras de remoción de las paredes de contención de lo que fuera el Río de la Compañía.
En dichos trabajos, una cuadrilla de obreros encontró entre las tierras fangosas que correspondían al lecho del río, rastros de lo que parecía ser una tela muy fina y en perfecto estado de conservación, al disponerse a extraerla del foso en el que la encontraron, los trabajadores se percataron de que el trecho de tela sólo era un segmento de un tramo mucho mayor que se encontraba enterrado a todo lo largo del cauce del río del que tras ocho horas de labores se extrajeron más seis mil setecientos metros de un tejido muy particular compuesto por pedazos de tul, encaje y algunas incrustaciones de piedras de muy raro color
Un grupo de antropólogos coordinó la extracción de este hallazgo y aún no pueden explicar su existencia ni mucho menos el grado de conservación que presenta el tejido, particularmente por las condiciones del entorno donde fue hallado que, aseguraron, son altamente propicias para la descomposición y degradación de este tipo de materiales.
El ingeniero Quintín Páramo, experto textil, aseguró de manera extraoficial que por el tipo de tejido y el material de que parece estar hecha, la “prenda” debe tener una edad superior a los doscientos años, aunque confirmó que serán los peritajes de laboratorio los que confirmen o refuten este dato.
El munícipe del lugar, Adalberto Salgado, aseguró que durante muchos años en las inmediaciones existía una planta textil de gran capacidad que durante más de medio siglo trajo empleo y progreso al pueblo de Ayotla, la cual cerró hace algunos años por irse a la quiebra; el alcalde sostiene que la existencia de la textilera podría explicar el origen de la tela.

II
Yo. Sola, como el borrego de la montañas, sola como está lámpara nocturna que se me clava entre los ojos, sola como la única estrella que brilla en el distante cielo, en el cielo distinto al que mis ojos vieron cuando todavía de ellos rutilaba vida, como la vida rutilante que de las estrellas salía y que atravesaban de luz a todo el cielo.
Hoy aprendí a decir una palabra nueva: No mames. Así me dicen a menudo en estos lares, así me nombran por donde me abro paso, por donde mis cabellos mojados escurren rastros de que existo, aunque ni exista.
Sí existí, y aún existo, pero existir ya es bien distinto a lo de antes. Antes llenaba mi boca de maíz y atole, antes corría y se me herían las plantas de los pies descalzos, antes tuve una palabra que era mía, que me hacía ser yo cuando se pronunciaba. Teresa: esa era mi palabra. Ixuiuhtli: me decía mamá María, Nantli me decía Jacintito; pero Teresa era mi palabra porque sólo Jacinto la decía muy raro; muy bonito pero raro; como si no quisiera que se escapara la s de mi nombre, la detenía muy suavemente con la punta de su lengua, y la acariciaba, muy suave dejándola pasar muy lento, desinflarse, impregnarse con su saliva en un beso imperfecto: Teresssa, Teresssa me decía y yo me ponía a hacer conejos con las nubes, silencios con el ruido, luces con las penumbras, ternuras con mis temores, corazones con las pitahayas, y suspiros con mis amores.
Ni yo podía nombrarme como él lo hacía, con su voz de gachupín hermosa y franca. Con su voz de trémolo cabrío apaciguado. Sólo él me daba un mundo para mí, con ese nombre, y una Teresa mas mía de lo que soy brotaba de la palabra cuando Jacinto la pronunciaba.
Ahora soy “no mames”. Hoy aprendí que así me llaman por estos lugares grises donde ando.

III
Video cortesía de Juan Pedraza: