domingo, 27 de noviembre de 2011

Columna vertebral

La muerte de Casagemas
Pablo Picasso
La muerte es, según la Biología, la cesación de la vida; sin embargo, ésta cumple a un mismo tiempo la función de alimento para otros seres y sirve también para dejar espacio a que nuevos organismos participen y evolucionen en la vida. La muerte, asimismo, es una de las grandes interrogantes que se ha planteado el ser humano desde sus orígenes como sociedad y, de igual modo, como individuos, llega un momento en nuestras vidas en el que nos hacemos conscientes de ese acontecimiento ineludible.
       Tratar de concebir la propia muerte resulta una tarea extenuante y por demás dolorosa si se lleva a cabo con honestidad. Así, ésta es uno de los grandes temas que la literatura y las artes en general abordan en un intento por explicar, o al menos tratar de acercarnos en un plano emocional a lo inexplicable. Miguel de Unamuno expone en el prólogo a su novela Niebla su concepción de la existencia la cual cobra sentido a partir de la existencia de todas aquellas personas que nos conocen y de algún modo nos dan vida al soñarnos. En ese mismo prólogo escribe refiriéndose a la muerte y a la existencia “[…] se me han muerto los míos, los que me hacían y me soñaban mejor”. Ésta, supongo, es una de las razones por las cuales nos duele la pérdida de alguien cercano, pues al irse se lleva una parte de cada uno de los seres que le conocíamos; sin embargo, no hay que olvidar que la muerte aunque dolorosa, es parte de la existencia misma y en un plano más general o cósmico, en el sentido del orden que guarda todo en el universo, estamos hechos de polvo de estrellas y somos parte de una totalidad y si en un sentido hay una pérdida con la muerte, en el otro, podemos llegar a alcanzar la inmortalidad a través de los otros como lo escribe Borges en su poema “Inscripción en cualquier sepulcro” del libro Fervor de Buenos Aires “ […] Lo esencial de la vida fenecida/ -la trémula esperanza, / el milagro implacable del dolor y el asombro del goce- / siempre perdurará. / Ciegamente reclama duración el alma arbitraría/ cuando la tiene asegurada en vidas ajenas, / cuando tú mismo eres el espejo y la réplica/ de quienes no alcanzaron tu tiempo/ y otros serán (y son) tu inmortalidad en la tierra”.
Jorge Iván Dompablo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Encuentros

El viaje por el océano
Cristina Alejos Cañada
                                    ABANDONO

Son estas notas en mi libreta
sin sentido
delatoras
de un retiro tormentoso
cuántas cosas olvido
en las calles abandonadas
intento
beber del tiempo
sus gotas dispersas
las siento todas mías
enferma está la tierra
cálido invierno
a dónde voy
si después no existo
abandono    
porque vivo
entre sombras
permanezco callado
y aunque desaparezca
el fuego
siento amor
de los sueños escapa
                                     no le pertenece
                                     nada de este mundo
                                     parece absurdo
                                     esperar otro día 
                                                                       la sentencia del sol
                                                                       perseguir su destierro
                                                                       sin penitencia
                                                                       morir.                
                                                                                            
                                                                                                  Frank CasPe.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Crisol florido


Mesoamérica
Ernest Descals

¿A qué sabrá la muerte? 

¿A qué sabrá la muerte? —Pregunta Ausencio cerrando los ojos—. Genaro dijo que sabe un poco como el ajonjolí y el frijol… Ya ves, cuando el Comisionado Izquierdo le baleó, le reventó todita la vena del hombro derecho, hizo un reguero de sangre por todo el salón “Faisán”, estuvo doce días sin despertar, inconsciente, y otros siete sin hablar, como idiota, clueco, ido y venido de una tierra de espanto sin porvenir, no fue hasta que mamá Juvelina vino y le dio una pastita de peyote raspado cuando Genaro despertó como si el mismo Lucifer le hubiera pateado en los meritos tanates... —Cállate—, exige Esther. — ¿Tienes miedo?—, le inquiere traviesa mientras deposita un beso flaco y flojo entre los albinos  labios  del   casi-niño-muchacho.     No, ¿cómo crees?, ya habíamos quedado—, dice muerto de miedo. —Si no te gusta, voy sola—, agrega con astringencia, garbo azul y desmembrado. —No me gusta…, pero lo voy a hacer, quiero intentarlo—. El pinchazo en la vena, la inyección de un afluente lánguidamente dorado, letal —Sólo treinta segundos, eh, por favor—, profiere el joven con estupor en la boca. —En la película fue más…, pero como gustes—, remata la mujer con algo de consternación y tedio.
       El miedo se metió en sus carnes, un temblor incapacitante le cosquilleaba atrás del riñón, el mundo se comprimió en un vaso convexo y sepia, sus ojos errabundos por las paredes y el techo, cayó su mirada a su costado contemplando ansiosamente la jeringa del antídoto, suplicando en silencio que muy prontamente se incrustara en sus venas…, sobrevino el dolor como parca caricia, sintió un ejército de hormigas asesinas colarse hasta su corazón, puñaladas pequeñas y mortíferas en el musculo cardiaco que se constreñía temeroso y confuso olvidando su latir. Ni un quejido. Una mirada larga alcanzó el rostro prieto de Esther sumergiéndose en una oscuridad más adusta y gruesa que la de su piel. Trató de aglutinar de nuevo su dispersa atención, enfocó sus fuerzas en su lengua para detectar algún sabor en esa mórbida oscuridad…
-o-
Sus pies andaban sobre una sustancia furunculosa como arena, sus ojos ardían con el perfume de los cirios: la cera quemada, adusta; el rojo aroma del copal rascándole el lado profundo del vientre, la oscuridad tornaba a tierna luz palpitante.
       La vereda hasta hace poco ignota y gris es incendiada por gotas de fuego anaranjado ardiendo en la membrana interna del Cempazúchitl, la piel pergaminosa, erizada recio por la humedad de un altar en el que buscaba solícito los sabores de la muerte; los indaga y los reconoce en la perforación del sabor del chocolate dentro del mole; pero el picante se le esfuma antes de tocarle la lengua. El aroma de tabaco mordiéndole los ojos y la garganta como una pacificadora señal de humo de indiana. — ¡No!—, exclama al ver su fotografía flanqueada por las veladoras torvas, comprende con ingenuidad deprimida que ha pasado muchísimo más de treinta segundos desde que murió…
-o-
Esther depone la muñeca, deja de tomar el tiempo, pasan tres minutos, luego cinco y ella sigue inmersa en contemplar los rasgos finísimos e inertes de Herminio, coge las llaves, arroja todas las jeringas a la basura, incluso el par que para ella reservó, abandona el cadáver aún tibio de su alumno-amante-admirador, sale del cuarto con una sonrisa aguda hiriéndole los labios, sube las escaleras, inspira hondo, se arroja al vacío sin titubear. La sonrisa le hierve al atravesar el aire y, justo antes de estrellar su cabeza contra el suelo, se le fuga, al percibir atrás de las muelas, un sabor a amaranto y frijol.

Cladudio Phoenicoperus.

Crisol florido es un espacio abierto para aquellos que tengan algo que aportar en este sitio del universo de la red. Sugerencias y colaboraciones (ensayo o cuento de 400 a 500 palabras o poesía de máximo treinta versos) a nidyaareli@gmail.com

domingo, 6 de noviembre de 2011

La sombrita

Divina misericordia
Ricardo Olvera Jiménez

El hombre que hace, lucha, defrauda, persigue, comprende, piensa, propone, remueve, bendice, redime, compra, sabe, presume, instaura, tiene, blande, define, exime, juzga, perdona, emprende, vaga, dice, lamenta, come, besa, deposita, previene, hiere, suspira, asalta, deduce, especula, mata, distorsiona, decepciona, magnifica, inventa, renueva, presta, invierte, cobra, defiende, especifica, influye, sonríe, entretiene, paga, mira, ignora, tropieza, llora, tima, baila, seduce, construye, suelta, sostiene, puntualiza, se divierte, respira, camina, duerme, calla, opina, se levanta en armas, sueña, delata, brinda, disfruta, envejece, convive, desea, logra, odia, desprecia, todo hombre, en fin, dirige siempre sus pasos, a la tumba.
       Por ello, lo mejor es no abstenerse: haga el amor, luche por sus ideales, defraude al embaucador, persiga la chuleta, comprenda a sus seres amados, piense a menudo en el mundo más allá de sus ojos, proponga soluciones a los problemas que nos importan a todos, remueva de su vida las malas pasiones, bendiga al bueno, redima al malo, compre sólo lo que necesite, sepa usted un poco de todo, presuma sólo al presuntuoso, instaure un día especial cada día, tenga bondad para con los semejantes, blanda la espada ante la injusticia, defina el amor a menudo, exima a sus deudores, juzgue al juez, perdone de corazón, emprenda diversas empresas, vague por el mundo con sus pasos y su alma, diga lo que piensa, lamente sus errores, coma frutas, bese a la gente que se encuentre en la calle, deposite la basura en su lugar, prevenga un cáncer evitando los corajes y la comida procesada, hiera al truhán pero de frente, suspire con las canciones ochenteras, asalte al acaparador, deduzca las verdades sobre los misterios del universo, especule en la cantidad de sonrisas que puede brindar cada día, mate el aburrimiento, distorsione en buenos los malos actos, decepcione a sus enemigos, magnifique a sus amigos, invente nuevos motivos para ser feliz, renuévese a usted mismo, préstese atención a menudo, invierta su tiempo en estar en paz, cobre las deudas de caricias y besos, defienda al pequeño, especifique las cosas que le gustan y las que no, influya al influyente, sonría al triste, entretenga al deprimido, pague sus deudas, mire a su alrededor, ignore al prepotente, tropiece para aprender, llore para desahogar el espíritu, time al mentiroso y luego ríase de la travesura, baile sin música, sedúzcase frente al espejo, construya una fantasía, suelte las penas, sostenga sus ideas, puntualice en los verdaderos problemas, diviértase sin medida, respire correctamente, camine mucho y erguido, duerma lo necesario, calle cuando no sepa, opine si se justifica, levántese en armas cada día con la adarga de la justicia y el escudo de la razón, sueñe en positivo, delátese ante usted mismo si está mal, brinde por la vida, disfrute el sol, envejezca con dignidad, conviva con las personas y con usted mismo que también es persona, desee la paz mundial y el cese de la hambruna, logre la dicha de vez en vez, odie el fraude y la injusticia, desprecie la desigualdad y llegue con luz a la tumba.
Nidya Areli Díaz.