domingo, 15 de abril de 2012

Columna vertebral


Unos cuantos piquetitos
Frida Kahlo

PERSPECTIVAS
Recostada sobre una vieja barda de ladrillos rojos, en el límite aún ámbar de la tarde moribunda, hay una gata (pantera en miniatura de ronroneo apacible) de pelaje gris que observa intrigada, desde el verde profundo de sus ojos, los ademanes carentes de sentido que realizo; sólo un par de manos temblorosas que anhelan acariciar, sin conseguirlo, las formas invisibles de la briza que mana de los robustos cipreses, a la vez que de mis cabellos húmedos se deslizan, una a una, breves y cristalinas gotas.
          Desnuda y triste, una mujer yace sobre las sabanas manchadas de un rojo atroz en la tarde agonizante de luz, su mirada llena de un odio profundo de pantera se pierde en un punto lejano de la habitación. Mientras me visto parsimoniosamente comienzo a percibir el sutil murmullo que se produce a causa del subir y bajar convulsivo de su pecho, pero hace mucho tiempo que yo no siento nada, sólo mis dedos aún no olvidan el calor de las formas exquisitas de su cuerpo lánguido- suplicante. De mis cabellos escurren agrias gotas de sudor.
          Hay un brillo intenso, un aleteo fugaz que apenas comenzado enmudece. Una vieja locomotora que avanza alegremente sobre el tiempo, sueños color sepia que se repiten, hojas secas que mis pasos nocturnos trituran, parques vacios cada vez más borrosos donde presiento haber perdido algo, el último furgón amarillo como la tarde pasa cargado de personas, los niños que juegan junto a los riéleles lo siguen con la mirada hasta que nada más perciben, distantes, un par de líneas cada vez más pequeñas y cercanas entre si y un zumbido que carcome el metal… Después un gesto de extrema felicidad desciende lento y se posa para siempre sobre mis labios, siento cómo ella me toma entre sus suaves brazos blancos y cubre con su aliento mi universo…
          Hay una mujer recostada que, desnuda y triste, observa a través del cristal de la ventana a una gata gris dormir sosegadamente sobre una barda roja en la tarde azul de luz doliente, mientras que de mis sienes brotan delicadas gotas de sangre que van formando un pequeño lago oscuro que se aleja.
Jorge Iván Dompablo.

domingo, 8 de abril de 2012

Encuentros

El Kukkiwon, Sharm El Sheikh y La Heroica Puebla


Recién iniciado este mes de abril me enteré con gran júbilo por diarios nacionales que la Heroica Puebla de Ignacio Zaragoza se convertirá en el mes de junio del próximo año en la sede del "Campeonato Mundial de Adultos de Taekwondo"; ésta es la máxima competencia de esta especialidad y será la primera vez que nuestro país tenga el honor de albergar un evento de tal magnitud, un logro similar se había obtenido hace un par de años en la ciudad de Tijuana sólo que este fue el "Campeonato Mundial Juvenil".
Técnicas de combate
R. Pascual
       Con dicha conquista, ¿qué importancia adquiere para un aficionado el que se desarrolle este evento en una ciudad tan cercana al Distrito Federal? No sólo será relevante que los ojos del mundo del Taekwondo estarán atentos a los resultados que se desarrollen dentro de las competencias, ni la cantidad y calidad de peleadores que pondrán en exhibición su alto poderío y maestría en cada una de sus técnicas de ejecución de pateo para derribar a sus oponentes, sino además, muchos tendremos la oportunidad de ahorrar tiempo en nuestras apretadas agendas, así como de unos cuantos dólares para tomar un avión que nos trasladaría de la Ciudad de México al Aeropuerto de Narita, Tokio en Japón, pues por cualquiera de las vías alternas en el continente americano, tal escala es obligatoria, para después arribar un vuelo final hacia Incheon, Seúl en Corea del Sur y, posteriormente, tomar un taxi que nos deje en el hotel donde previamente debíamos haber hecho las reservaciones, cambiarse, comer, aclimatarse, tomar otro auto con destino a El Kukkiwon que se ubica en el distrito de Gangnam-gu, pararse en la entrada y sí, sin querer haber retrocedido en el tiempo treinta y nueve años atrás, en este lugar donde se encuentran las instalaciones oficiales de la "Federación Mundial de Taekwondo" también conocido como "World Taekwondo Headquarter" donde nacieron los campeonatos mundiales, se cierran los ojos y, de vuelta al presente, escuchamos en el imaginario los gritos de los congregados que se van apagando entre las calles aledañas hasta llegar a la estación del metro Kagnam.
        Y es que en esta semana transcurrida en el Marco de la "Asamblea de la Federación Mundial de Taekwondo", fue la ciudad de Sharm El Sheikh, en Egipto, testigo de la historia, cuando en una reñida competencia final con Croacia, México se adjudicaba la sede del vigésimo primer campeonato mundial y además me entero de que es en el "Centro Expositor y de Convenciones de Puebla" donde se desarrollará el certamen. Sé que aún estamos a más de un año de este suceso, pero considero que, mientras tanto, podríamos hacer un chequeo general del escenario tomando como parámetro la "Olimpiada Nacional" a realizarse en los meses de mayo y junio y, con la misma certeza con que eligieron esta ciudad, les podría asegurar que nos sobrará tiempo para pasear por el centro, disfrutar de la buena gastronomía, y así ensayar varias veces este viaje hasta que por fin estemos disfrutando alrededor del tatami de una final seguramente disputada por un competidor connacional.
Franck CasPe.

domingo, 1 de abril de 2012

Crisol florido


Ocaso
José Luis Ceña Ruiz

De la abuela

No nos mira la abuela
desde el día de las flores,
sus canarios no trinan
y no arrulla a su gata.

Los pasitos ligeros
de sus chanclos menudos
no rondan por el patio
con un dejo pesado.

No se queja quejosa
de sus varios dolores,
y sus gustos garbosos
no se lucen en fiestas.

          Al sonar las campanas
          de la misa de doce
          ya no he visto a la abuela
          dirigirse a la iglesia.

                              No pregunta la abuela
                              por el muerto del día
                              ni le manda una cera
                              a la viuda de hoy.

                                                  Ya no riñe al abuelo
                                                  por sentirse ignorada
                                                  ni diserta de muerte
                                                  con el cura José.

                                                                      No transforma los años
                                                                      en recuerdos mejores
                                                                      y sus múltiples fármacos
                                                                      caducados están.

                                                                                Desde aquellas canciones
                                                                                ya no canta la abuela,
                                                                                en un "entre tus manos"
                                                                                se ha dormido su voz.

                                                                                                    La abuela no sonríe,
                                                                                                    ni entristece ni mira,
                                                                                                    ya se ha ido la abuela
                                                                                                    donde el polvo carnal.

                                                                                                  Sergio Adrián Moctezuma.

 
Crisol florido es un espacio abierto para aquellos que tengan algo que aportar en este sitio del universo de la red. Sugerencias y colaboraciones (ensayo o cuento de 400 a 600 palabras o poesía de máximo 60 versos) a nidyaareli@gmail.com

domingo, 25 de marzo de 2012

La sombrita



Circe ofreciendo la copa a Odiseo
J. W. Waterhouse


Las rodillas de Circe

Mario amaba las rodillas de Judih, le parecía un milagro que unos guijarros tan tenues, tan delicados, pudiesen mantener en pie semejante escultura de galana mujer; se le semejaban a Mario esas rodillas como un par de redondas pelotitas de frontón: las miraba ir y venir sobre la acera, el patio, el estacionamiento del edificio, e incluso, las alfombras de los hotelitos de paso. Una acompañaba a la otra con pasmosa fidelidad, detrás o adelante, alternándose en la butaca del cine cuando la Venus cruzaba la pierna. Allí por detrás, en el gemelo derecho: un lunar tan oscuro como enervante. A Mario le encantaba ponerse las piernas de su diosa sobre los hombros, penetrarla sujetándola por las rótulas, abrirla en canal pero aferrado a las tiernas naranjitas como de suave cartílago. Las lamía y besaba con frecuencia, una vez las mordió, sin embargo allí paró la cosa porque su Circe pegó un gritó y asestando una patada en la cara sugiriole un rotundo No. Enterado el gentilhombre, maravillado por la fuerza con que aquellas pequeñas habían impulsado semejante patadón, las veneró con mayor vehemencia. 
       —Regálame tus rodillitas—, le dijo un día —no está mal la turgencia de tu vientre ni la firmeza de tus piernas. Amo la tersura de tus senos y el soporífero aroma de tu vagina, pero regálame tus rodillas. Por ellas —un silencio— vendo a Dios.
       Judith se dio vuelta en la cama dándole la espalda, y se convulsionó en una gran carcajada.
       Mario la bebía, la degustaba, la mascaba. Decíase que el amor es eso: amar las rodillas de Lilith, de la vampira Lilith, la ninfa Circe, la hermosa Venus. Era amar su vaivén por las escaleras del metro, su trote ligero en los pasillos de cualquier edificio, su devaneo en la cama mientras la cogía y re-cogía. Amarla era eso: morder el lunar, meter la lengua en las coyunturas entre la rótula y el fémur, prolongar cada bocado y luego repetirlo. Amar a Judith era desnudarse frente a ella y cederle el paso, abrirle la puerta del auto y ofrecerle flores y cartas, era ponerle crédito en el teléfono para esperar por las tardes sus llamadas y que nunca llegaran, era llamarla él como por azar, era fingir ante los embates de la mentira y el disimulo, soportar los celos y celarla más, celar sus rotulitas perfectas.
       —Tienes unas rodillas de fractal—, le dijo. Luego la encontraron con un tiro de gracia, los labios arrancados a besos y las piernas, con todo y rodillas, limpiamente cortadas con cierra.
Nidya Areli Díaz.

domingo, 18 de marzo de 2012

Columna vertebral


Camino de los recuerdos
Leonid Afremov

Un ejercito aguarda impávido en profunda ensoñación… Cuando la bandera mítica ondee en el campo, signo inequívoco de la batalla, los diversos escuadrones comenzarán su avance y, con toda su maquinaria dispuesta, combatirán arduamente hasta conseguir sitiar el alma de aquel que, sin darse cuenta ha dado la señal de alarma al percibir inconscientemente un aroma, un sabor o quizá una música que lo ha sacado de su cotidianeidad y lo ha llevado a un instante lejano y olvidado de su vida. Así, por ejemplo: el mezcal orgánico que probé hará un año llevaba inmerso en su gusto acre un atardecer cualquiera de mi niñez en casa de mis abuelos con aroma a tierra, humo y magueyes, incluso me permitió escuchar el mugido de las vacas que rumiaban el zacate junto a la pileta llena de agua fresca; o el perfume de mujer que a veces percibo, y que como acto reflejo me obliga a buscar la silueta femenina de donde emana, del que no sé el nombre, y me embriaga de angustia cada vez que tropiezo con él, aunque también contiene algunos matices coloreados de felicidad que no sabría explicar, que además me traen a la memoria la imagen nítida de ella. O qué decir de la música que con acordes dolorosos me transporta a largas noches frías que pasé en la soledad y en las cuales buscaba la iluminación sin comprender que la oscuridad del alma también tiene su encanto.
       Habrá que perder todas las batallas, dejarse herir dulcemente por esos inciertos ejércitos, que en realidad luchan contra el olvido, y recuperar para siempre los instantes que permanecen ocultos en lo profundo de nuestro pasado para así poder ir más completos deambulando por la vida.
Jorge Iván Dompablo.

domingo, 11 de marzo de 2012

Encuentros

Flaming June
Frederic Leighton
Maldito Perverso

Corazón perverso
inquisidor de recuerdos
escombro de anhelos
infante confuso
amor que no encuentras.

Corazón maldito
nostalgia desprecio carne.

Corazón perverso
amorfo e incompleto
incurable desconsuelo
del mundo disperso
la herida que habitas.

Corazón maldito
semilla cráneo desorden.

Frank CasPe.

domingo, 4 de marzo de 2012

Crisol florido

Tentación
Emilia Castañeda Martínez
Cáliz
LA LUZ ESTÓLIDA del farol consumía tiernamente el aceite de su cáliz, las moléculas de lluvia interminables, postergaban la escampada hasta el vecindario del infinito, en el cenicero ardía un hálito de cigarro lánguido, largo y protervo como la casi extinta luz del corazón de Florita, dos veces pronunció con su labio alforzado y leporino “Te amo tanto, Mario…” dejando que su aliento se abrazara cálido, muerto y espectral con el humo incensado del tabaco crudo volando por la cara más oscura de este universo.
       La medianía de sus ojos ateridos en un epitelio acuoso, casi ahogados en lágrimas, titilaban esquilando el cielo raso, la cómoda, las lámparas, el espejo, los rollos de ropa inertes sobre la mullida alfombra; mi dedo índice sobre la aureola de su pecho, proyectando una diagonal imaginaria que se incrustaba hasta la profundidad de su corazón rojo y etéreo.
       Su voz de flauta fulguraba temerosa, indecisa, emboquetada por la oquedad ociosa de su paladar hendido… musitante y sinfónica junto al croar de otras ranas que se colaba por las fisuras sutiles de las ventanas de la terraza… Imagino que la luna afuera, embozada por el tafetán de las espesas nubes, refulgía el vómito rojizo de su luz más enferma.
       El carisma trémulo de su mano izquierda garabateaba las últimas tildes de confusión sobre el jaspe de mis barbas, los grandes trazos de su mirada pulcra, comenzaba a desquebrajarse en solaz avieso, la mordida cruzada por sus propios labios en aspaviento de angustia marrullera, por fin asentaban el desplome ferozmente ambicionado de ese muro que se nos interponía; le besé la frente con un ósculo eufémico, después le pací los labios en prenda y prima del favor tendido…, ante su tortuoso seño yo le sonreí ladino…
       Me duele comprender doliente el largo tiempo que contemple sus ojos con deseo clandestino, lo vedada que me estuvo su boca de oblea, insípida y frágil; sus ojos infantiles de un mirar estulto, mas no puedo explicar ni en quinientas palabras, el relicario que soy de carnes femeninas, de las diversas calañas y disímbolos calibres, poseedor de rosas, vorágine de alientos perfumados, de labios carnosos y afrutados, dueño sin fe de almas golosas y de hímenes castos, de bellezas de zafir algunas y de mármol otras, hermosas la mayor parte, pero ninguna tan deseada como Florita, con su talle de ángel fatuo imperseguible, como las ansias precarias que me asaltan a consumirme, cual fuego, a las mujeres en sustituto paliativo de su prohibitiva entrega.
       Le doy grosero mil besitos por su piel vibrátil, amasijo incipiente cada seno, trepa mi lengua por su cuello, firmo los muslos con resuellos, respiro borracho entre su vellos, convulso y tremendo la trepido, perforo su virginal escucha con groseras palabras de veneno, mastico sus labios muy, muy quedo; aspiro la arena de su aliento, reptan mis manos por sus glúteos, surge mi ardor y me pregunto: ¿Por qué no te tuve antes, mi Florita? E Incrusto mis carnes en las dulcísimas carnes de mi hermanita.
César Abraham Vega Guerra.

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