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domingo, 8 de julio de 2012

Columna vertebral


EN LA OSCURIDAD



Al asecho
Dana Heil
Otra vez tarde… Mientras tiras las prendas sobre el piso percibes el olor del tabaco. Para mí, a pesar de este maldito vicio tu aroma es distinguible, la habitación se ha llenado de él como tus pupilas que aún no se adaptan a la oscuridad, mientras me buscas tratando de guiar los pasos con el ascua del cigarrillo que apague en cuanto entraste semidesnuda, ahí, solo tus bragas blancas cubren ligeramente el sexo, cálido, líquido que se ofrece palpitante todas las noches, me gusta esperarte “oculto”, jugar a ser el animal que asecha entre penumbras a la presa, aunque estoy seguro de mi papel que ha sido siempre el otro, el de la presa, al final de todos los días te aguardo con paciencia metido en este cuarto que siempre huele a humedad, te quedas parada ahí, a mitad de la alcoba, de pie esperas, afuera sopla el viento amenazador entre pinos y abetos que claman al contacto de sus garras, también a ti te toca, tiemblas, suelto la última bocanada de humo que empieza a asfixiarme, me levanto y camino hacia la puerta pero sabes que es mentira muy pronto estaré junto a ti, entonces cuando tome tus muñecas llevarás una al pecho y la otra al vientre, cada gemido marcará un leve estremecimiento mientras nos confundimos en un solo cuerpo, en ese instante olvido por un momento tu traición, ahora él ya no existe, recuerdo el rostro de Mariana su madre cuando sepultaron las cenizas de Gustavo, mi mejor amigo. ¿Por qué?, preguntaba mirándome, se refería a las puñaladas que recibió él en su gran casa, pues justo en plena sala encontraron el cadáver nadando en un oscuro charco de sangre nauseabunda, después de todo, ni una sospecha, hasta hoy no saben absolutamente nada de las causas…
          Te digo que recuerdo la mirada de Mariana todos los días al amanecer, en tanto enciendo el primer cigarrillo, es cuando pierdes la sonrisa, te posas sobre un espejo lejano mientras divagas, luego tratas de confortarme, Gustavo mi mejor amigo desde hace varios meses reducido a cenizas, guardado en una urna…
          Debo irme al trabajo pero antes me preparo para la ducha, abro la llave de la regadera y el agua cae de lleno en mi espalda erizada, te bañarías conmigo me lo has dicho tantas veces, pero no soportas mi costumbre de hacerlo con agua fría, es mejor así, finalmente, mientras paso la navaja de afeitar sobre mi rostro recuerdo ese semblante. Mariana preguntó ¿Por qué?, es extraño que Gustavo me observara de la misma forma, al darle el primer golpe con la navaja, me sentí mal, no lo soportaba, entonces para acabar pronto le di uno, otro, luego otro más, no supe cuantos fueron (dicen que veintiuno), no recuerdo bien, al terminar dije con esto queda saldada la cuenta de lo que hiciste con mi mujer, no sé… Él lo había negado…
          La verdad es que no me traicionaste con él ni con otro, pero quizá un día pudiera suceder, por eso lo hice, al principio pensé negarme pero ni lo sospecharon, ahora sé que no mentiría yo no fui el asesino, no podría, fue el otro el que es paciente y te acecha todas las noches mientras te desnudas bajo las sombras en espera del momento exacto para saltar y amarte, yo no podría, siempre desespero y me ahogo ante la idea de tu traición.

Jorge Iván Dompablo.