domingo, 24 de abril de 2011

Encuentros

Ashes
Edvard Munch

Adicta

       Dicen que la vieron salir de su casa hace dos días, tenía poco de haber regresado, era la hija menor de la familia Ramírez, se llamaba Selena, pasaba de los veinticinco, ella estuvo recluida unos meses en un centro de rehabilitación para curarse de sus adicciones, a decir verdad, nunca me tocó verla monear como otros chicos de la colonia, siempre se le veía sonriente y divertida, respetuosa también, a mí una vez me ayudó con el mandado, un domingo en que me quedé sin dinero para el taxi, cargó las dos bolsotas llenas de verdura, recuerdo cómo le pesaban a la pobre, le di cinco pesos además de unas tortillas con chicharrón, sabrá Dios en qué líos andaba la jovencita.
       - Gracias Doña Maru- cerró el puño donde había depositado la moneda.
       - Regresa a tu casa, Selena. Tu mamá te espera – fue lo último que se me ocurrió decirle.
       Ella era blanca, tenía bastantes pecas en lo cachetes y sus ojos grandes, bien lindos, de color verde, estaba reflaca, no pudo terminar su carrera, quedó preñada de su novio, un ingrato al cual nunca le tuve buena fe, trabajaba de microbusero. Ay, niñas tontas, se enamoran de cualquiera que les habla bonito al oído. Bueno, después de haber perdido a su bebé vino la depresión, y escapó de casa, para cuando volvió, las cosas habían cambiado, el semblante de inocencia con el cual se le identificaba había desaparecido, para saber qué otras mañas aprendió; sólo la familia sabía, pero se mantuvo hermética el tiempo posible  ante lo evidente: se había convertido en drogadicta. Todos le rechazamos, me incluyo, uno no sabe cómo reaccionar ante algo así, a todos nos debe pasar, y pido perdón por actuar así, afortunadamente mis muchachos me salieron trabajadores, ni fuman, ni beben, bien hombrecitos.
       La encontraron muerta en un área verde hoy por la mañana, se llamaba Selena Ramírez, fue asesinada en la madrugada durante un tiroteo entre maleantes y policías, me consta: esa chica jamás agredía a las personas, ahora cuentan en las noticias que ella secundaba una banda de distribuidores de drogas en la zona, algo similar dijeron hace dos meses, que habían agarrado al líder de otra sección, pero si al día siguiente ya andaban otra vez los mismos distribuyendo, pa' mi son puros cuentos, nadie sabe cómo acabará esto, lo que si, es que por andar en el chisme se me va a pasar la hora de mi telenovela. Con su permiso los dejo.
Frank CasPe.

domingo, 17 de abril de 2011

La sombrita

Saturno devorando a su hijo
Francisco de Goya

El calor en estos días es asolador, nuestro resplandeciente padre nos odia más que nunca y dispara sus extenuantes, incandescentes y dañinos rayos, cual flechas asesinas sobre la tierra. Yo de plano ya estoy enferma, me he resfriado debido, entre otras cosas, a lo desgastante del calor y los cambios bruscos de temperatura. Dios, por otro lado, se ha proclamado ausente, el mundo está de cabeza: unos en guerra, otros recuperándose del terremoto, unos más tratando de descubrir qué hacen aquí. Nuestro México lindo y querido encuentra cada día como tesoros malditos, las bien o mal llamadas narco-fosas, repletas de un manjar de cadáveres, nos ilustra además con tan coloridos hallazgos y pone en primera plana de cada periódico amarillista -que casi son todos- la fotografía menos sutil. La imagen hubiese horrorizado al Saturno de Goya.
      Nosotros queremos saber dónde están los malos. Se cree que se esconden en cavernas y se alimentan allí de inmundicias, se fortalecen y planean sus próximos golpes en una demoniaca oscuridad, rindiendo culto a Lucifer y protegidos por la luna, -últimamente el sol, decepcionado del mundo, se ha vuelto su cómplice-. Probablemente tengan apariencia de monstruos cinematográficos hollywoodenses, lo cierto es que Lovecraft se quedó muy corto con sus historias de horror. El pánico ahora es psicológicamente recargado y casi siempre letal. Todos nos preguntamos inconscientemente ¿quién a nuestro alrededor -acaso nosotros mismos- será el próximo? Ellos salen de sus cuevas no se sabe a qué hora y sin que nadie se percate raptan a las personas, las llevan a sus guaridas y allí las hacen sopa, las entierran en esos hoyos que después descubren los vigilantes del bien y la justicia, y como un regalo, los medios de comunicación nos presentan la primicia con foto y todo.
      Algunos escépticos tenemos la disparatada teoría de que los malos se encuentran en lugares menos macabros y más respetables, por ejemplo, en los congresos, en alguna zona de lujo como Los Pinos, en los palacios de gobierno, etcétera. Creemos además que visten trajes de diseñador, que son acompañados por guaruras y que son éstos últimos quienes hacen el trabajo sucio. Creemos también que sus secuaces reciben su entrenamiento de carnicería e insensibilización en instancias como el ejército. Suponemos que no creen en el diablo ni en Dios ni en nada, que son en cambio fervientes vasallos del dinero, que lamen los traseros de las trasnacionales a cambio de pequeñas tajadas que no se comparan con las ganancias de éstas; que producen, distribuyen y fomentan las drogas fingiendo que desean erradicarlas.
      Suponemos además que estas gentes muy respetables van a misa los domingos y se dan sus baños de pureza absueltos por sacerdotes pederastas que también reciben su parte. Que de vez en cuando ponen ante las cámaras un chivo expiatorio; que matan, violan, secuestran, trafican con personas, amedrentan y engatusan porque el miedo, el terror es el mejor medio de manipulación, porque sólo así nuestro pobre México seguirá dormido, porque sólo así seguirá permitiendo que lo saqueen, que haya pobreza extrema a lo largo y ancho del país y que para cada ser humano ello no sea tan grave comparado con su propio terror: a perderlo todo, a ser asesinado, a vivir aquí sin tener otra posibilidad.
      En fin, somos sólo escépticos un poco dementes los que creemos tales calamidades. Los malos en todo caso no pueden ser individuos tan respetables elegidos “legalmente” por el mismo pueblo, hombres cuya raza no tiene nada que ver con el calentamiento global, con los sistemas capitalista y neoliberal, con la política internacional de la explotación de las masas, ni con que el padre Sol se haya vuelto nuestro enemigo debido al hoyo en la capa de ozono. No pueden ser estos señores que hablan tan bonito durante las campañas electorales. Deben ser, por el contrario, monstruos que viven al asecho, que se alimentan de inmundicias en cavernas demoniacas, que le rinden culto al maligno…
Nidya Arei Díaz.

domingo, 10 de abril de 2011

Columna vertebral

Mujer con sombrilla
Claude Monet

Su rostro era de roca fría, minúsculas líneas en las comisuras de los labios delataban las venas internas donde se resquebraja el mineral por la acumulación silenciosa de los años; en contraste, un afilado punto de luz rajaba el labio inferior de donde manaba un torrente de tono carmesí desgastado que coloreaba el resto de la boca, era éste el último resquicio en el cual se percibía la vida, los ojos hermosos y claros estaban opacos y como absortos en la contemplación de un distante infinito, quizá aguardara la llegada de un impuntual amante, lo cierto es que las palomas hambrientas que picoteaban a sus pies no le causaron el más mínimo asomo de ternura o fastidio.
      Perseverante a la espera de algún signo oscuro que me revelara su secreto permanecí al acecho en vano toda la tarde y parte de la noche, como un lobo con su presa, hasta que una lánguida lluvia comenzó a filtrarse entre las ramas de los abetos del parque, fue entonces cuando guardé aprisa el pequeño boceto que llevaba hecho y, antes de salir huyendo de la que ahora era tormenta, lancé una última mirada para comprobar que ella seguía en su lugar imperturbable.
Jorge Iván Dompablo.

domingo, 3 de abril de 2011

Encuentros

Goya
El coloso

Después
Lo primero que deseé después de alejarnos fue jamás volver a encontrarnos, evité los lugares que frecuentamos, me puse a inventar nuevas rutas en el océano para no coincidir en el mismo espacio y tiempo, fue mi última petición al destino...se ha cumplido hasta ahora.
      Sin embargo aun recuerdo cosas, las estaciones del año traen semejanzas, la ausencia provoca a la memoria, que con poco logra despertar a sus bestias marinas para destrozar sin meditarlo las figuras que de arena fueron hechas, entonces solo queda basura, vidrios afilados destinados a herir de nuevo, intento detenerlo todo, pero sucumbo ante su fuerza.
      Me levanto, ¿es de nuevo que he olvidado? Eso pienso, pero la primera frase de la mañana es un “te quiero” seguido de su nombre, reinicio. Despierto, he pensado en miles de cosas, creo, lo primero que me viene a la cabeza es una frase peculiar: te quiero, no puede ser, vuelvo a empezar. Me levanto, he olvidado, lo sé, veo hacia el horizonte, no estoy aquí, un libro abierto, una frase subrayada, tomo el objeto y lo abrazo a mi pecho.
      Después me despido de todo, vuelvo mucho antes de quedarnos callados, cuando nos tomábamos fotos y podíamos compartir palabras sin temor alguno, las pinturas trazadas que parecían tener importancia, el arte echado a la suerte de un café enfrente de catedral, no sabemos nada, al menos yo no sé que sucederá mañana, ni hoy, quiero estar así detenido en un fragmento, pero la vida no se detiene, es hambrienta, impide quedarse con la totalidad de los eventos, solo deja migajas, piezas, una nota de sol, mírame otra vez enfrento un dolor.
      Prometí llevar esta soledad entre paisajes llenos de incendios, muerte silenciosa, mientras avanzo las llamas penetran mis ojos, por dentro fuego, arde el mundo, al final soy yo.
      Lo primero que deseé después de alejarnos fue jamás volver a verte, ya no quiero saber de ti, los lugares que frecuento son los mismos de ayer, no he hecho nada por olvidarte, el mar me provoca náuseas, se escapa el tiempo, divago en el espacio, estoy solo, he cumplido hasta ahora.
Frank CasPe.

domingo, 27 de marzo de 2011

La sombrita

El pecado
Capilla sixtina
Miguel Angel

Pocas cosas en la vida tienen sentido; a decir verdad, el único sentido posible de cada acontecimiento, cada decisión, etcétera, es el prepararnos para algo más grande, para el gran acto, pero, ¿qué acto? ¿Es que hay un escenario con telones de terciopelo y luces espectaculares, aguardando nuestra gran representación? Lo cierto es que nadie lo sabe, vivimos en una constante preparación sepa Dios para qué…
      Somos histriones por naturaleza, nos encantan los aplausos casi podría asegurar que desde el mismo vientre materno, aprendemos a caminar porque alguien nos lo aplaude, y lo mismo con el lenguaje o el oficio que nos sostendrá. Claro que nunca estamos totalmente acabados, buscamos y buscamos una perfección patológica quién sabe para qué, para la gran obra del juicio final, diría la biblia. Pero quién creo a quién: Dios a los hombres o los hombres a Dios. La creación es mutua, al final todos venimos de la nada, y si no, ¿qué hacía Dios antes de crear mundo y hombre?
      A todo queremos hallarle el sentido, el por qué, y ¿acaso no responde ello a una falta total del mismo en todo lo que nos circunda, incluso en la existencia misma? En el principio fue el significado, luego el significante, la esencia fue prima, luego el nombre y las cualidades que el hombre le inventó, porque, ¿qué es el significante sino un algo que describe un todo, una abreviatura del significado?, y nosotros como significados, ¿no nos inventamos cada día con un significante renovado?, ¿no pactamos con Dios con tal de no ser borrados de la gran lista de significantes de lo material? Porque somos materia, polvo somos, dice la biblia. Y polvo con su nombre reiterado para que no se les olvide a los que nos rodean o incluso a nosotros mismos que eso que somos tiene nombre —significante—, y es por tanto, de tal o cual modo; es decir, le corresponde actuar así y no de aquella manera.
      Y la representación, el actuar, ¿no es acaso una farsa?, más aún, en vida: el ensayo de la farsa. Porque en la tradición cristiana, esta vida es solamente una preparación, un ensayo para un evento de mayor trascendencia. Ahora bien, dicen que echando a perder se aprende. Por lo tanto, y porque esta vida no es sino sólo un simulacro de la verdadera vida, y de acuerdo al sabio postulado de la tradición popular mencionado anteriormente, aprendemos y practicamos para el momento cumbre mediante el pecado, pero el pecado en tanto error, siempre aberrante, condenado por el cristianismo sería, no obstante, el mejor maestro y por lo tanto nos prepararía mejor para ese otro gran evento. Para el momento culminante y para el gran porqué.
Nidya Areli Díaz. 

domingo, 20 de marzo de 2011

Columna vertebral


Calle de Gabino Barreda (1944)
Óleo sobre lienzo
Autor: Gunter Gerzo


Su cuerpo, en agonía desde la tarde, luchaba con desesperación por parir al monstruo, al principio había puesto todas sus esperanzas y empeños en el acto, lo imaginó grande, hermoso, quizá perfecto. Podría decirse incluso que la ternura estuvo presente en su concepción, por ello fue que buscó el momento apropiado, se informó sobre las prevenciones que ameritaba el caso, dispuso sus herramientas con un orden exquisito que lindaba en patología; sin embargo, todo fue inútil: las mejores horas, las felices, pasaron. Ahora el día se terminaba y con él su paciencia. 
      Podía verlo, por decirlo de algún modo, como realmente era: deforme, pegajoso, aferrándose con cada una de sus patas que hacía recordar a una sanguijuela que chupa no la sangre, sino la fuerza y la vida. Pero esto no era lo que más le molestaba, pues reconocía parte de su misma naturaleza en ese ser grotesco; finalmente algo debía de heredar del Padre. La indignación, la rabia eran contra sí mismo, contra su estúpida ceguera de creer que esta vez sería diferente, era ésta la causa de haberlo abandonado dos años atrás y aquí estaba de nuevo.
      Deseaba sacar las tijeras que había guardado el día anterior en el costurero para abrirse el pecho, ingresar en él las manos y arrancarlo de sí definitivamente; mientras tanto, el reloj seguía avanzando en su loca carrera infinita, los parpados cada vez más pesados, los ojos secos, sanguinolentos. El humo del puro llenaba la habitación provocándole nauseas, la mesa sobre la cual “trabajaba” embarrada de cenizas, los diccionarios botados, la pluma imperturbable y él a punto de caer al abismo lleno de vértigo ante la hoja en blanco.
Jorge Iván Dompablo.

domingo, 13 de marzo de 2011

Encuentros

Hoja en blanco


Me pregunto si nos volveremos a encontrar esta tarde después de que deje de llover, comienzo a dudar si de verdad cumplirás esta vez tu palabra, por mi cabeza rondan infelices destinos, deseo omitirlos porque son tantos los rencores hacia ti, muero a cada instante, desespero, cruzo las calles a pasos acelerados, peleo contra los muros móviles de figuras humanas que se esparcen y reproducen palabras sin cesar, provocan pánico, ensordecen la música, pierdo el sentido de la lucha, desvanezco, aun así debo acudir a la cita.
      Estoy muy cerca de llegar, tengo la sensación de haberme adelantado, espero afuera, tal vez ya estés esperando, pero antes prefiero mirar al cielo, trazo con los dedos espirales en las nubes, luego acompaño al sol acercarse a la noche, he viajado al futuro.
      Entro a nuestro hogar y encuentro bajo la penumbra las habitaciones vacías, mi búsqueda se extiende a través de las dimensiones que cubren las paredes, un rayo de luz diminuto cae sobre el centro de la sala, es una señal que ilumina un papel doblado, lo tomo con las manos, desdoblo la hoja hasta dejarla plana, quiero descubrir su mensaje.
      He llegado tarde, ¿hace cuánto que se fue? Tomaba por la mañana una taza de café, observé su fotografía, hablé acerca de su belleza.
      - Yo quisiera una chica así- comentó un mesero al ver su rostro. Sonreí y pague la cuenta.
      Nada escrito, la hoja en blanco, no hay huellas alrededor, esta es la última forma que encontró para expresarse, espacios llenos de silencio difíciles de enterrar, en dónde guardo los secretos destinados para este momento.
      Me pregunto si nos volveremos a encontrar, nada está escrito...
Frank CasPe.